El 15 de febrero de 1886, en medio de la llamada Regeneración y la adversidad política y cultural, nació la Universidad Externado de Colombia. Unos ilusos que, bajo ‘los nuevos tiempos’ de la República conservadora, iban a crear un centro de formación de las ideas liberales radicales que habían dejado de tener protagonismo en el nuevo escenario político e ideológico.
En su momento, había caducado el periodo que en la historia patria había representado el gobierno de tres décadas de los liberales progresistas, radicales, seguidores de la universalidad y el laicismo anticlerical y el federalismo, es decir, que las regiones, las provincias, la localidad, prevalecieran sobre toda pretensión centralista de la realidad nacional y el ejercicio del gobierno.
En esa época, nació el Externado. En medio de angustias, peripecias, sedes que se trasladaban en el centro histórico tradicional de la capital Santa Fe de Bogotá surgió la esperanza y el sueño de mantener unas ideas nobles y justas que no debían perecer. Esas ideas de su fundación no solo estaban motivadas por el nuevo escenario politico de cambio -en este caso hacia la ideas de restablecer el imperio del clérigo y el poder central- sino de la necesidad de la concordia, del entendimiento, la paz y la ideas de la razón y la humanidad, después de la última guerra de 1885.
Paradójicamente, un siglo después, en 1985, el Externado habría de recibir el mayor golpe emocional y filosófico: la hecatombe infernal de los hechos del Palacio de Justicia en Bogotá. No solo por la justicia misma sino que sus mejores docentes, sus profesores de cátedra, fueron inmolados en los hechos del infausto noviembre, que aún resuenan sobre el alma de la nación. Y el Externado se llenó de profundo dolor. No solo los profesionales del derecho y de las diversas disciplinas que componen la Universidad (la universalidad) hacen memoria de esos hechos que en vísperas de celebrar 140 años han marcado su existencia.
Pero sea la ocasión de recordar la historia de la
universidad y sus lazos con la provincia. Para decirlo rápidamente, desde los inicios de siglo XX, Diego Mendoza fue sucedido por Ricardo Hinestrosa Daza, todo un intelectual, todo un educador, que habría de regentar la institución durante 30 años hasta 1963 cuando asumió la rectoría su hijo Fernando Hinestrosa, ejercida durante 50 años, hasta que, en 2012, fue reemplazado por Juan Carlos Henao, prematuramente fallecido.
Hoy, en cabeza de Hernando Parra Nieto, un excelente profesional, ser humano, buen y ponderado ejecutivo, enaltece y representa a la Universidad. Su talante lo vimos cuando con ocasión de la efemérides de los hechos dolorosos del Palacio de Justicia llevara la voz de los colombianos ante el duro recuerdo.
“Las armas nos han dado la independencia pero las leyes nos han dado la libertad”, la frase orientadora de Francisco de Paula Santander, que algunos identifican como el origen de la vertiente liberal, es un principio que ha guiado el Externado no solo por su culto al derecho, sino porque en sus claustros conviven la necesidad social del orden y la libertad en todos sus ámbitos, que han hecho posible que conservadores, liberales y revolucionarios de todos los matices, hayan confluido en la academia, desde presidentes de la República, como el actual mandatario, iconoclastas y preservadores de la tradición institucional, educados en su seno, con una premisa fundamental: la libertad en todos los ámbitos de la sociedad.
Sea de exaltar la vocación regional de la universidad, y en especial con la región de nuestra provincia. Ricardo Hinestrosa Daza fue hijo de Ana María Daza y nieto del senador Vicente Isidoro Daza. Por eso, el palacio de justicia de San Juan del Cesar lleva su nombre. Siempre tuvo presente la Universidad, su arraigo regional y su amor por este terruño del
Valle de Upar, que siguió, durante medio siglo, su hijo Fernando. A él, a su descendencia, a su legado, los miles de profesionales formados en múltiples disciplinas y nuestra provincia, solo podemos dar ¡infinitas gracias!





