Diana Marcela Orozco nunca imaginó que un viaje en bus entre Valledupar y Riohacha se convertiría en un nuevo caso de acoso. “Me siento acosada, el conductor me está molestando y no sé qué hacer”, escribía la joven en un chat de WhatsApp con sus hermanas, pero la señal era intermitente en carretera. “Tenía mucho miedo, me sentía muy vulnerable”, relató a través de un video publicado en su perfil de la red social Instagram.
Diana, como muchas otras mujeres, decidió romper el silencio y denunciar públicamente lo que le ocurrió porque además de rechazar que el machismo está tan arraigado en la actualidad, lamenta reconocer que no es la primera ni la última en vivir una situación de violencia como esa. Su historia, lejos de ser un caso aislado, revela una realidad persistente: el acoso y abuso contra mujeres en las calles, buses y diferentes escenarios no se limitan a lo privado, afectando el desarrollo normal de las actividades y su libre movilidad.
















