Señor, te pido por el río Guatapurí (y por todos los ríos) para que mantengas sus aguas mansas y livianas; aumenta su cauce, para que no pierda su nombre en el camino. Regula los ciclos de las estaciones: despide el verano cuando se prolonga y se desnuda en la sequía. Detén las manos de los arboricidas, de los contaminadores y los pirómanos del bosque. Regálanos siempre la alegría y los colores de la primavera. Controla el invierno, para que los torbellinos de la creciente no arrasen las barreras de su lecho.
Señor, te pido sabiduría: para narrar las leyendas de los abuelos, para contemplar el verde caribe de los cerros de La Nevada y el amarillo esplendente de los cañaguates, para que la palabra sea fértil y germine en los surcos de amor, para que la prudencia sea el escudo que frene la arrogancia. Señor, te pido para que la multiplicación de los panes adorne la mesa en los hogares vallenatos.
Señor, te pido para que los tarareos de la infancia llenen de piedad las cicatrices del odio; que la música sea siempre la higiene del alma. Que los acordeones siembren puertas en la aurora, y los versos sean sinfonías de cristales en los sueños. Señor te pido: que el abrazo sea un rocío florecido de sonrisas, que el aroma de los mangos esté al alcance de los labios. Que los andenes de las calles vallenatas brinden levedad y libertad al caminante.





