COLUMNA

El verano que jamás se nos olvidará

Desde ese día, le cogí mucho miedo al río. Después de las 5:30 de la tarde, el ambiente era sombrío, todo quedaba en silencio, el río hacía unos pequeños remolinos que me causaban terror, y el canto de un ave característica a esa hora hacía que por las noches soñara que un hombrecito del tamaño de un mono, completamente peludo, me halaba hacia la profundidad.

canal de WhatsApp

El año 1983 no tuvo anécdotas extraordinarias o, si las tuvo, son muy vagos los recuerdos que tengo. Dentro de las que recuerdo, está la primera vez que me estrené como actor de teatro en una obra del colegio que se llamaba ‘Las convulsiones’, y mi personaje se llamaba Cirilo. Sé que las fotografías de esa obra las conserva aún el profesor Neris Emilio García y anhelo poder volver a verlas.

Por otro lado, seguíamos yendo de vacaciones a El Retiro y, en verano, en la segunda quincena de enero o a finales de ese mes, trasladábamos el ganado a los playones de Santa Cecilia, lo cual era un acontecimiento especial por todo lo que eso implicaba.

Empezando porque debíamos levantarnos a las 3 a. m., ya que se debían cargar las bestias con todo lo que íbamos a requerir en el playón, que era, por supuesto, todo. Recuerden que las casas eran totalmente de bahareque y no tenían mayores comodidades.

Sigue leyendo

Crea tu cuenta para leer el artículo completo

Desbloquea el resto de la historia e inicia sesión para seguir leyendo sin interrupciones.

TE PUEDE INTERESAR