El año 1983 no tuvo anécdotas extraordinarias o, si las tuvo, son muy vagos los recuerdos que tengo. Dentro de las que recuerdo, está la primera vez que me estrené como actor de teatro en una obra del colegio que se llamaba ‘Las convulsiones’, y mi personaje se llamaba Cirilo. Sé que las fotografías de esa obra las conserva aún el profesor Neris Emilio García y anhelo poder volver a verlas.
Por otro lado, seguíamos yendo de vacaciones a El Retiro y, en verano, en la segunda quincena de enero o a finales de ese mes, trasladábamos el ganado a los playones de Santa Cecilia, lo cual era un acontecimiento especial por todo lo que eso implicaba.
Empezando porque debíamos levantarnos a las 3 a. m., ya que se debían cargar las bestias con todo lo que íbamos a requerir en el playón, que era, por supuesto, todo. Recuerden que las casas eran totalmente de bahareque y no tenían mayores comodidades.





