Hay mujeres a quienes los años no les restan presencia: les agregan historia. Y otras que, desde generaciones posteriores, han conquistado con carácter, espacios durante demasiado tiempo reservados a los hombres.
Cielo María Gnecco y Claudia Margarita Zuleta pertenecen a generaciones distintas y ninguna necesita inmunidad frente a la crítica. Quien participa en asuntos públicos acepta el escrutinio y hasta la palabra severa.
Pero la crítica tiene argumentos; la infamia necesita adjetivos. La queridísima Cielo es una mujer de la tercera edad cuya presencia social en el Cesar atraviesa décadas. Podrá discutirse su influencia política, pero no borrarse su cercanía histórica con niños, ancianos, mujeres y familias vulnerables. Eso se controvierte con hechos. No con vulgaridades.





