El politraumatismo que sufrí en el atentado terrorista contra el Hotel Hilton de Cartagena de Indias me dejó múltiples secuelas físicas que, afortunadamente, no me afectaron las funciones mentales.
Mientras me recuperé de las cirugías de urgencia vital que me realizaron en el Hospital Naval de Cartagena, estuve hospitalizado casi dos meses en la Clínica Bocagrande. Por petición voluntaria mía, fui trasladado en ambulancia terrestre a Valledupar, donde me hospitalizaron en la Clínica Ana María del Instituto de los Seguros Sociales (ISS), ya que la explosión de dinamita del 25 de septiembre de 1989 me cubrió como accidente de trabajo, debido a que mi asistencia al Congreso Internacional de Gastroenterología fue en comisión de estudios amparada por el ISS.
Las secuelas más graves eran las de la mano derecha por la sección completa de sus tendones extensores. La dificultad respiratoria generada por el trauma en el hemitórax derecho, con múltiples fracturas segmentarias de las costillas, con disminución importante de la expansión pulmonar, y la inmovilidad casi total del brazo derecho por intenso dolor en la articulación del hombro.





