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Corpus meum, vita mea

Quizá el verdadero secreto de la longevidad no sea descubrir cómo vivir para siempre, sino aprender a vivir bien mientras estamos aquí. Nuestro cuerpo no es un simple vehículo que nos acompaña durante la vida, sino el lugar donde esa vida sucede.

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Corpus meum, vita mea. Mi cuerpo, mi vida. Una frase en latín que podría resumir una de las responsabilidades más importantes que tenemos durante nuestra existencia terrenal. Cuidar nuestro cuerpo como el templo de la vida que es. Lo cuidarás tanto como lo quieras, y lo querrás tanto como lo cuides. Saber cuidarnos y saber vivir es la clave para llevar una buena vida. Vivir por más años es mucho más simple de lo que parece.

Existen en el mundo lugares que llevan décadas despertando la curiosidad de médicos e investigadores por la extraordinaria longevidad de sus habitantes. Ciudades como Okinawa, en Japón y algunas regiones montañosas de Cerdeña, en Italia; Ikaria, en Grecia, y en la península de Nicoya, en Costa Rica, son algunos ejemplos. Allí se encuentran las poblaciones más longevas a nivel mundial.

Investigadores de todo el mundo acuden a estas regiones en busca del secreto de la longevidad, y los resultados son tan sorprendentes como sencillos. El secreto no se encuentra en la fertilidad de los suelos, en el clima, la calidad del agua o en los nutrientes de los alimentos. Tampoco está en los falsos superalimentos como el noni, la moringa o el ganoderma. Sorpresivamente la clave de la longevidad está en los mismos habitantes. Todas las investigaciones arrojan patrones interesantes: los habitantes de estas zonas mantienen una actividad física constante durante toda la vida, crean y conservan vínculos familiares y comunitarios fuertes, y practican una alimentación simple, tradicional, rica en productos naturales y muy poco industrializada.

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