Durante años preferí no poco sobre el derecho a portar armas para la legítima defensa; no porque desconociera la evidente inseguridad, sino porque el tema quedó atrapado en una narrativa estigmatizante. Bastaba que un ganadero hablara de seguridad para que algunos sectores lo asociaran con el paramilitarismo, mientras miles de productores sufrían secuestro, asesinato, extorsión, abigeato y desplazamiento.
Esa realidad motivó a María Fernanda Cabal a crear la Fundación Colombia Ganadera, FUNDAGÁN, que recorrió el país para hacer visibles a las víctimas ganaderas. Su Informe para “Acabar con el olvido” documentó más de 10.000 víctimas de los grupos armados y mostró que no todas reciben igual reconocimiento.
Hace veinte años advertí que, tras la desmovilización de las autodefensas, muchas regiones quedarían expuestas si el Estado no ocupaba los espacios abandonados…, y quedaron expuestas. Hace diez señalamos que ocurriría lo mismo con la desmovilización de las Farc…, y ocurrió: una violencia reemplazó a otra y hasta las Farc dejaron instaladas sus disidencias.





