En la historia de las grandes civilizaciones, pocos conceptos han sido tan determinantes para el restablecimiento del orden como la Pax Romana. Aquel periodo del Imperio Romano no fue un mero estado de pasividad, sino la consolidación de un orden firme, fundamentado en el imperio inquebrantable de la ley y la autoridad del Estado.
Hoy, en el cuatrienio del presidente Abelardo de la Espriella, Colombia se encuentra en una encrucijada similar. Sin embargo, en ciertos sectores políticos y mediáticos persiste un rechazo casi visceral a su modelo de gobierno. Cabe entonces preguntarse: ¿por qué produce tanto temor la promesa de un orden estructurado e indiscutible para la nación?
El miedo a la firmeza institucional suele ser alimentado por la incertidumbre o por los cálculos de quienes se beneficiaban del caos saliente. Al contrastar las líneas estratégicas del mandato de De la Espriella con los pilares fundamentales de la Pax Romana, resulta evidente que sus prioridades apuntan a atender el clamor popular que condujo a su victoria democrática.





