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Nuestros niños también están pidiendo ayuda

Los niños también pueden sufrir emocionalmente. No es necesario que exista una tragedia para empezar a hablar de salud mental infantil. Necesitamos hacerlo antes. Antes de que el sufrimiento sea evidente, antes de que un cambio de comportamiento se convierta en una crisis, antes de que un niño sienta que no tiene con quién hablar.

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Durante mucho tiempo creímos que la infancia era, casi por definición, una etapa feliz.
Pensábamos que los niños tenían problemas pequeños, preocupaciones pasajeras y una capacidad casi automática para olvidar aquello que les hacía daño.

Si estaban tristes, jugarían y se les pasaría; si estaban preocupados, mañana estarían mejor; si estaban enojados, era simplemente una pataleta.
Hoy sabemos que no siempre es así.
Y quizás una de las conversaciones que más necesitamos tener como sociedad es esta: los niños también pueden sufrir emocionalmente.
No es necesario que exista una tragedia para empezar a hablar de salud mental infantil. Necesitamos hacerlo antes.

Antes de que el sufrimiento sea evidente, antes de que un cambio de comportamiento se convierta en una crisis, antes de que un niño sienta que no tiene con quién hablar.
Porque los niños sienten, sienten ansiedad, miedo, tristeza, soledad, frustración, rechazo.
También pueden sentirse insuficientes, pueden experimentar presión académica, conflictos familiares, dificultades para relacionarse, acoso escolar o cambios que no saben cómo procesar.
La diferencia es que muchas veces todavía no tienen las palabras para explicarlo.
Un adulto puede decir: “Estoy atravesando un momento de ansiedad”.
Un niño quizás solamente diga: “No quiero ir al colegio”. O “Me duele la barriga”. O “Déjame solo”. O simplemente deje de hablar.

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