COLUMNA

Mentiroso mentiroso

ENTRE OTRAS COSAS…. Por: Dario Arregoces Es el nombre de la extraordinaria película del cómico Jim Carrey, cuya trama consiste en la forma en que el protagonista le miente compulsivamente a su hijo, prometiendo una cosa y la otra, y siempre quedándole mal. Cansado de la situación, el niño le hace prometer a su padre, […]

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ENTRE OTRAS COSAS….

Por: Dario Arregoces

Es el nombre de la extraordinaria película del cómico Jim Carrey, cuya trama consiste en la forma en que el protagonista le miente compulsivamente a su hijo, prometiendo una cosa y la otra, y siempre quedándole mal. Cansado de la situación, el niño le hace prometer a su padre, el día de su cumpleaños, que en adelante no diría una mentira más por pequeña que sea. La situación no puede ser más angustiante y compleja para el comprometido padre, pues como todo abogado litigante insta a su cliente a que le cuente  la verdad sobre los hechos, pues de las mentiras se encarga él.
Traigo a cuento lo anterior, porque recientemente, en el noble ejercicio de mi profesión, me encontraba como mediador de una conciliación en la que intervenía una pareja joven. Ella reclamaba alimentos en favor de su hijo de tan sólo cuatro años de edad y él le reclamaba el hecho de indisponerlo ante su hijo. La cosa fue más o menos así: la madre recibió una llamada del padre del niño, donde  éste le manifestaba que dudaba de su paternidad; probablemente en términos muy descomedidos, la señora le responde que está dispuesta a hacerse las pruebas que él quiera. Acto seguido, corta la comunicación y ofendida se echa a llorar. El niño le preguntó por qué lloraba, a lo que la madre le contestó con la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Al preguntarle yo por la razón que la llevó a ello, me contestó con altivez y algo de insolencia: “¡Doctor, es que yo a mi hijo le digo siempre  la verdad…!”.
Estupefacto por la respuesta, le reproché en tono irónico que por qué no le decía la verdad sobre el ratón Pérez y de paso le contaba la verdad sobre el Niño Dios.
El tema me hizo caer en la cuenta de lo llenos de mentiras que estamos. Mentiras que en mi concepto no se clasifican-como muchos pretenden- en categorías. Pero lo cierto es que  hay mentiras para todo. Me permito mencionar algunas de ellas: la secretaria, por tapar la ausencia de su jefe, expresa que se encuentra en una  importante junta de negocios y la verdad es que se encuentra en su casa reponiéndose de los rigores del “guayabo”. Si de la venta de un inmueble se trata, nadie declara su valor real con el fin de evadir impuestos. Las acciones bélicas tampoco escapan a este flagelo, pues en la Guerra del Golfo,  los EE.UU y fuerzas aliadas ocupan militarmente a Iraq, basados en la afirmación mentirosa de que Iraq tenía en su poder armas de destrucción masiva, cuando lo cierto es que aún no se ha encontrado rastro de la primera. En el Congreso se aprueban impuestos con el mentiroso rótulo de transitorios, pues terminan siendo permanentes. Y si usted amigo lector quiere que le mientan, limítese a preguntar por la fecha  de nacimiento  su mujer.
Pareciera ser que la verdad está pasada de moda. Pero todavía queda algo de sinceridad y espontaneidad en la gente, pues siguiendo con las anécdotas, me encontré a una usuaria que desesperada porque su turno de atención se demoraba se acercó y me dijo: “¡Doctor atiéndame rápido que dejé puesto el arroz!”. Cosas de nuestra región Caribe.
LA FRASE DE CIERRE:
“El hombre que no teme  a las verdades nada tiene que temer de las mentiras”: Thomas Jefferson

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