COLUMNA

La tierra habla

La tierra nos está hablando. Ha temblado en varios lugares del mundo en los últimos días. Estas pruebas, como la de un terremoto o una pandemia, nos sacuden física y emocionalmente. Una atmósfera de dolor nos pone en un plano reflexivo, nuevamente, del que tienen que emanar compromisos renovados, de ayuda al otro, de solidaridad, de compasión.

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La tierra nos está hablando. Ha temblado en varios lugares del mundo en los últimos días, vemos también cómo en Nepal se presenta una catástrofe de las dimensiones del deslave que sepultó a cientos de personas. Las constantes alarmas de las aplicaciones de alertas para celular, que dicho sea de paso han avanzado mucho, son la evidencia del aumento en la actividad sísmica. España, Chile y Estados Unidos son foco de movimientos de tierra constantes que las aplicaciones perciben. Y, para no ir más lejos, en Colombia el 10 de agosto la tierra también se hizo sentir: Cali, Pereira, Manizales y el Chocó sufrieron daños de una magnitud considerable. La tierra se está pronunciando, nos está queriendo decir algo, se hace notar…

La pandemia puso en jaque a la humanidad. Ese año 2020 será inolvidable para quienes vivimos la zozobra y las tensiones de una enfermedad para la que no estábamos preparados. En Cali, a lo largo de casi 10 días, revivimos escenas de la pandemia: toque de queda en la noche, trabajo virtual desde casa, compra de víveres sin saber cuánto podría durar la emergencia, hospitales desbordados, etc. En mi caso personal la pandemia generó aprendizajes que me cambiaron la manera de ver la vida y una valoración profunda de la importancia real que tiene el tiempo en familia y la necesidad de contar con espacios de crecimiento personal que permiten dedicar tiempo a temas que nos interesan y permiten desarrollarnos en diversas dimensiones.

El estar acompañado también lo valoré inmensamente, haber estado en la pandemia solo, como cuando estaba soltero, habría hecho de mi existencia un reto mucho más complicado. Aprendí a apreciar lo que antes daba por sentado, a comprender que la escucha activa es un arte que vale la pena incorporar, a disfrutar de la naturaleza, de gozar con el canto de un ave, a ver la presencia de Dios en un paisaje; el Covid 19 me dejó apreciaciones como estas.

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