COLUMNA

La I.A. o el nuevo Frankenstein

Abordaremos este tema, partiendo de la premisa de que la Inteligencia Artificial como herramienta tecnológica no es en sí misma buena o mala, y que todo va a depender del uso que se le dé; luego, no es la idea de esta columna satanizarla, pues somos conscientes del importante avance científico que ella representa. En […]

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Abordaremos este tema, partiendo de la premisa de que la Inteligencia Artificial como herramienta tecnológica no es en sí misma buena o mala, y que todo va a depender del uso que se le dé; luego, no es la idea de esta columna satanizarla, pues somos conscientes del importante avance científico que ella representa.

En la encíclica Magnifica Humanitas (Magnífica Humanidad), el S.P. León XIV llama la atención sobre el desarrollo tecnológico, en el sentido de que debe ser la inteligencia humana la que domine a la I.A. y no al contrario. Reflexiona el pontífice en los principios morales que deben gobernar la I.A. desde el punto de vista de la Doctrina Social de la Iglesia, iniciando por el principio de la subsidiariedad, que advierte que el papel protagónico de la persona humana, de la familia y de la sociedad no debe ser reemplazado por la I.A. Es preciso que el Estado entre a regular, establezca unos límites, evitando que el conglomerado social sea un ente pasivo, ejerciendo el rol de meros consumidores, y buscando que la sociedad participe en el entendido de que todos somos corresponsables en la construcción de ese camino.

En segundo lugar, tenemos el principio de la solidaridad, que parte de la premisa de que el bien de cada uno pasa a través del bien de los demás. “La fraternidad no es solamente una aspiración interior del que cree, sino una forma social y política que se ha de encarnar en decisiones e itinerarios compartidos”. Cita textual de la encíclica del Papa León XIV, página 41. Recordemos que la Revolución francesa tuvo como banderas: la libertad, la igualdad y la confraternidad.

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