La empresa Emdupar, denominada de servicios públicos de acueducto y alcantarillado, es parte de la historia buena de las grandes iniciativas de los políticos del Cesar. Ella tiene nombre propio: quien, aprovechando su llegada al INSFOPAL, fue el doctor Alfonso Araujo Cotes, por influencia de Alfonso López Michelsen, el expresidente que dirigió los destinos como primer gobernador del Cesar, motivado por sentimientos familiares y por la misma música vallenata. Se convirtió en nuestro máximo referente, ya que no hubo espacio en su vida pública que no considerara nuestra tierra por sus grandes bondades.
Esa es la historia del Cesar pujante y lleno de ambiciones, hasta convertir nuestra región en una de las más prósperas de la República. Lo que vino después es vergonzoso y hasta penoso: hemos reducido lo ganado, y en ello no se escapa ningún sector: productivo, económico, social y político. Aquí cabe el dicho popular: “Todo tiempo pasado fue mejor”.
Un ejemplo de la decadencia es la administración de la empresa de servicios públicos de Valledupar, Emdupar, que durante los últimos 30 años, constituida como sociedad anónima del orden municipal perteneciente al sector de agua potable y saneamiento ambiental, ha sido víctima de una etapa oscura que vive nuestra tierra, producto de gerentes incompetentes y, lo peor, de excelentes obedientes al alcalde que los ha designado. De ello dan cuenta los malos resultados de los servicios domiciliarios de agua potable, de alcantarillado pluvial, y un porcentaje deficiente para el crecimiento de la ciudad; y lo más grave, un alcantarillado de aguas residuales que se desborda de manera continua y permanente en varios sectores de la ciudad.





