COLUMNA

Diario de una ausencia (cuarto día)

“Acababa de salir de la cueva oscura en la que había estado inmerso desde hacía veintiún días, y todo en mi entorno era hermoso.”

canal de WhatsApp

Queridos lectores, no solo digo que el tiempo no existe, también lo hago con el espacio, tratándose de este como lugar, claro está, no como el momento que vivimos; y, con base en ello, pienso algunas veces que el dolor nos induce a refugiarnos en una especie de cueva en la que nos sentimos apartados de la luz del mundo que nos rodea. Pensamos que la vida ha terminado. Sin embargo, una vez superado ese período, un día salimos a la luz y contemplamos cómo todo a nuestro alrededor es hermoso.

También pienso que cada despertar que nos permite el universo es un regalo que se nos otorga y que debemos valorar como una forma de agradecer la oportunidad de estar vivos otro día más, y creo que con solo despertar, por ese nuevo encuentro con el mundo, vale la pena haber pasado un tiempo en la oscuridad y tal vez, sin darnos cuenta, nos hemos fundido un poco más con lo divino que habita en nosotros y quizás hayamos descubierto el secreto del tormento del alma.

Comparto la apreciación de aquellos que dicen que las heridas y el dolor sirven de puente entre el saber superficial y la sabiduría profunda, y quien no pase alguna vez una prueba de dolor no podrá conocer la realidad de los aspectos oscuros del ser humano. Creo, además, que de vez en cuando necesitamos atravesar momentos de desesperación para poder venerar después el milagro y la belleza de la vida, y hay cosas que no podemos ver si existe demasiada luz a nuestro alrededor. Y repito, lo que escribí una vez aludiendo al poeta Theodore Roethke: “Solo en la oscuridad pueden nuestros ojos empezar a ver”.

Sigue leyendo

Crea tu cuenta para leer el artículo completo

Desbloquea el resto de la historia e inicia sesión para seguir leyendo sin interrupciones.

TE PUEDE INTERESAR