COLUMNA

¿Cómo construimos confianza en Colombia?

Ningún proyecto colectivo puede avanzar cuando todos (o algunos) desconfían de todos. Cuando el Estado desconfía de las empresas, las empresas de las reglas, las comunidades de los proyectos y los ciudadanos de las instituciones, las decisiones se aplazan, la inversión se frena y las oportunidades tardan más en llegar a quienes las necesitan. Por […]

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Ningún proyecto colectivo puede avanzar cuando todos (o algunos) desconfían de todos. Cuando el Estado desconfía de las empresas, las empresas de las reglas, las comunidades de los proyectos y los ciudadanos de las instituciones, las decisiones se aplazan, la inversión se frena y las oportunidades tardan más en llegar a quienes las necesitan. Por eso, hablar de confianza no es hablar de un valor abstracto. Es hablar de una condición indispensable para que Colombia avance.

La confianza tampoco nace de pedirles a otros que crean. Se construye cumpliendo la palabra, actuando con coherencia y manteniendo reglas claras. Se fortalece cuando las instituciones toman decisiones transparentes, cuando las empresas responden por sus compromisos y cuando las comunidades encuentran espacios reales para participar. Cada actor tiene una responsabilidad, y ninguno puede exigir aquello que no está dispuesto a ofrecer.

El comienzo de un nuevo gobierno representa una oportunidad para avanzar en esa dirección. Toda transición abre la posibilidad de construir una relación más madura entre el sector público, las empresas y la ciudadanía. Es el momento de abrir una conversación seria sobre los acuerdos que el país necesita para crecer, generar empleo y reducir las brechas entre sus regiones. Las diferencias son legítimas; convertirlas en una barrera permanente para trabajar juntos no debería serlo.

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