Por: Luis Elquis Diaz
Hace algunos meses me encontré en los pasillos de un moderno edificio de nuestra ciudad con nuestro gobernador Cristian Moreno Panezo. En esa ocasión le confesé que no tenía argumentos suficientes para definirlo como un buen o mal gobernante. Francamente no he querido ser facilista ni terminar ubicándome en el sillón de los escarnecedores. En nuestro medio el rumor es liviano y fácilmente transferible, a menudo es más importante que la satisfacción de reconocer en los demás sus capacidades y desempeños. Considero necesario advertir que no utilizo este espacio para actuar como el áulico mas connotado ni mucho menos para demostrar mi arrogancia con mis semejantes.
El rumor generalizado en las calles de nuestra ciudad es de absoluta desaprobación al gobierno de Cristian Moreno Panezo. De igual forma también son evidentes las manifestaciones de arrepentimiento. En el departamento del Cesar la elección de Moreno Panezo se produjo para deplorar los hechos acontecidos alrededor de un gobierno que no pudo finalizar su periodo para atender los requerimientos de la justicia. Por Moreno Panezo ningún ciudadano acudió a las urnas por las maravillas establecidas en la propuesta programática del entonces candidato, que entre otras cosas fue calificado como un hombre pobre y sin expectativas definidas luego de cuatro décadas de existencia. Con el tiempo ha evolucionado la torpe creencia que la condición socioeconómica de los participantes de la actividad política, color de piel y el origen político está por encima de las calidades y cualidades académicas, intelectuales y liderazgo.
Al plan de gobierno deberíamos remitirnos todos para realizar un diagnóstico estructural y financiero con el fin de evaluar la gestión proyectada, la efectuada y la no realizada encargo literal y soberano de los ciudadanos del Departamento del Cesar. También es pertinente conocer las condiciones actuales de nuestro departamento, el cual ha sido concebido como netamente agropecuario, sin embargo este sofisma cada día se desenmascara especialmente por los puntos aportados a nuestra economía por la relevancia e importancia de la explotación del carbón en nuestro departamento y en nuestra nación. ¿Imaginan ustedes la suerte de nuestro departamento bajo la dependencia del sector agropecuario sin la existencia del carbón? Por lo tanto la desaprobación y arrepentimiento no sólo tendría como objetivo el gobierno actual sino además todos los predecesores. El gobierno de Cristian Moreno Panezo se convertirá en el caballito de Troya en el actual proceso electoral, no sólo por suspicacia y rumor, sino además, porque la concreción propositiva malgasta su sapiencia en el entretenimiento que garantiza el accionar histriónico saboreado y apalancado por un pueblo embelesado e incauto. Pese a ello es menester recomendar a los candidatos apostados para reemplazar a Moreno Panezo, mantener los ojos abiertos y formalizar una estructura programática relevante, pues entre la soledad y todos los defectos achacados al Gobernador, es pertinente reconocer que sus jugadas en temas estrictamente políticos han sido bien estudiadas y efectivas. Por lo tanto, detenerse en la subjetividad de la inoperancia y soledad del gobernante es querer pretender desconocer lo que es apenas natural en las postrimerías del periodo. El poder convida, involucra y apasiona al punto que después de arroparlo es complicado desprenderse de él. También es inconsecuente remitir mensajes a una sociedad permeada por la ilegalidad, tratando de convencerla que se sigue siendo bueno no obstante a los antecedentes, sin embargo errar es de humanos, pero por ello no podemos respaldar que todo es valedero, especialmente cuando el actuar público prácticamente proclama comportamientos intachables, sino pregúntele a Hernán Darío ‘El Bolillo’ Gómez.
Ambientado el debate electoral
Por: Luis Elquis Diaz Hace algunos meses me encontré en los pasillos de un moderno edificio de nuestra ciudad con nuestro gobernador Cristian Moreno Panezo. En esa ocasión le confesé que no tenía argumentos suficientes para definirlo como un buen o mal gobernante. Francamente no he querido ser facilista ni terminar ubicándome en el sillón […]





