CRÓNICA

El santo que yo vi

Me entregó su cabás y nos dirigimos a la sala donde permanecían las mujeres que fueron a buscarme a la escuela. Estaban inclinadas y miraban hacia el suelo. Las escuché orar, sus voces producían un sonido ronco y continuo.

Añadir como fuente preferida en Google
El santo que yo vi

El santo que yo vi

canal de WhatsApp

Cuando lo vi por primera vez caminaba en compañía de una mujer. Lucía un vestido entero gris, camisa blanca, portaba un sombrero de fieltro. Ella era delgada, de cara angular, morena, de estatura mediana y vestía de blanco. Se dirigían hacia donde Edith Navarro, quien aún vive en un caserón antiguo ubicado en el marco de la plaza. Me fui detrás de ellos, aún no sé por qué lo hice.

Lee también: La beatificación de José Gregorio Hernández

En esa casa lo esperaba un grupo de mujeres, pero no lo vieron ni lo sintieron llegar. En un rincón del cuarto principal de la vivienda había un altar en el que estaba un vaso de cristal con una flor de cayena y un busto pequeño que identificaba a un hombre de pie, vestido de entero, sombrero de fieltro, bigote tupido y negro. También había una pequeña mesa de madera sobre la que estaba un vaso de cristal que contenía agua, y junto a él otro busto de igual tamaño y figura. Además, estaban las mujeres conversando, unas sentadas sobre los bordes de dos camas y otras de pie.

Sigue leyendo

Crea tu cuenta para leer el artículo completo

Desbloquea el resto de la historia e inicia sesión para seguir leyendo sin interrupciones.

TE PUEDE INTERESAR