EDITORIAL

Una fecha para celebrar las cosas buenas de Valledupar

En esta fecha tenemos ante nosotros la ocasión propicia para enorgullecernos de Valledupar, nuestra ciudad, nuestra Capital Mundial del Vallenato que celebra sus 476 años de historia.

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Son pocas las ciudades en el mundo que encierran tanto encantamiento y tanta riqueza cultural como lo que siempre ha distinguido a Valledupar. Además de las conmemoraciones protocolarias, estamos frente a una oportunidad valiosa para mirarnos como ciudad, reconocernos, valorar lo bueno que tenemos y que nos hace únicos.

Compartimos la opinión de quienes piensan que este tipo de celebraciones son el escenario adecuado y justo para hacer una pausa en la quejadera permanente y en la crítica desmedida que muchas veces nos impide ver los avances, la riqueza y el potencial de Valledupar.

Es preciso reconocer que Valledupar no es una ciudad perfecta, ninguna lo es. Pero tampoco es el lugar sin futuro que algunos insisten en describir. Esta ciudad ha crecido, ha resistido y ha sabido reinventarse a lo largo de casi cinco siglos. Su historia, su cultura y su gente son prueba de ello, logrando posicionarse ante Colombia y otras esferas del mundo como un sitio al que todos quieren conocer.

Como buenos ciudadanos que amamos esta ciudad, en esta fecha especial debemos, más que señalar lo que falta, exaltar lo que tenemos y reconocerlo en su justa dimensión, cuya lista de cosas buenas es inmensa.

Por ejemplo, Valledupar es reconocida como la Cuna del Vallenato, patrimonio cultural inmaterial de la Unesco, que ha llevado su música a los escenarios del mundo y nos da identidad propia en medio de las diversidades culturales que caracterizan a un país como Colombia.

Sin duda tenemos una riqueza cultural y folclórica única, reflejada en sus festivales, tradiciones, saberes populares y expresiones artísticas que encantan a todo el que viene a visitarnos.

Otro aspecto muy importante es la calidad de su gente trabajadora y alegre, que a pesar de las dificultades sigue apostándole a la ciudad y a su desarrollo permanente.

Debemos sentirnos orgullosos de nuestro entorno natural que es muy privilegiado, con la Sierra Nevada como telón de fondo, ríos, paisajes y una biodiversidad que muchas ciudades envidiarían y que a nosotros nos sobra.

Sabemos que Valledupar es una ciudad en crecimiento, pero que ya ha logrado avanzar en aspectos como el hecho de contar con universidades, emprendedores, artistas y nuevos liderazgos que se esmeran por construir un futuro mejor.

Quienes de afuera vienen siempre reconocen nuestra hospitalidad y calidez, rasgos que hacen de Valledupar un lugar acogedor para propios y visitantes en todas las épocas del año.

Es el momento para revisar de manera individual y colectiva qué tanto aportamos para el desarrollo de Valledupar. Criticar es fácil, lo verdaderamente difícil es construir para el bienestar colectivo, con eso no estamos diciendo que hay que desconocer los problemas, sino asumirlos con sentido de pertenencia, sin destruir desde la palabra ni desvalorizar lo que somos. Una ciudad también se construye desde el respeto, el orgullo y la esperanza ciudadana.

Aprovechemos entonces para que estos 476 años sean un punto de partida para hablar mejor de nuestra casa, para cuidarla, exigir con argumentos y aportar con acciones. Valledupar merece más aplausos, más compromiso y menos descalificaciones. Ese debe ser nuestro empeño, porque al final, hablar mal de la ciudad es hablar mal de nosotros mismos. De ahora en adelante procuremos aportar antes de criticar.

En este 6 de enero es válido tener el corazón engreído para desearle un feliz cumpleaños a Valledupar, admirándola y exaltando todo lo bueno de la Capital Mundial del Vallenato.

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