EDITORIAL

Se requiere la solidaridad regional

La situación de inundaciones que viven en estos momentos muchos departamentos de la región Caribe obliga a despertar el espíritu solidario que debe caracterizar a la gente en este tipo de calamidades de gran impacto.

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La situación de inundaciones que viven en estos momentos muchos departamentos de la región Caribe obliga a despertar el espíritu solidario que debe caracterizar a la gente en este tipo de calamidades de gran impacto.

Ya son muchos días de tragedia invernal, en especial en el departamento de Córdoba y su capital Monteria, pero también en muchos otros territorios como Bolívar, Sucre y aquí en nuestro entorno lo vive La Guajira. Las pérdidas y las angustias de las comunidades son enormes.

Estábamos en mora de expresar nuestra solidaridad al respecto y conminar a todos los estamentos sociales e institucionales locales para que desde Valledupar se lideren acciones encaminadas a darles una mano de ayuda a nuestros hermanos de esas regiones que están bajo el agua.

No obstante, todavía estamos a tiempo de unirnos por quienes hoy necesitan de nuestro apoyo solidario. En ese sentido valoramos y acogemos el proceso iniciado por el Banco de Alimentos de Valledupar, una labor social que, si bien se puede medir por las toneladas de alimentos recibidas, también es la oportunidad para mirar con sentido humanitario la capacidad de una región para responder con solidaridad cuando el agua arrasa con la tranquilidad de miles de familias. Tres toneladas de ayudas recogidas y cerca de nueve millones de pesos en donaciones en efectivo son una muestra alentadora del compromiso ciudadano. Pero también son apenas el primer paso frente a una meta ambiciosa y urgente, tal es la de alcanzar al menos 30 toneladas para atender a los damnificados de Córdoba y La Guajira en primera instancia.

Se sabe que las inundaciones no distinguen entre municipios ni estratos, es así como en lugares como Riohacha, el agua ha ingresado a viviendas humildes, dañando enseres y alimentos. Lo que para algunos puede ser una bolsa de arroz o un paquete de pañales, para otros representa la diferencia entre la angustia y la esperanza. Por eso, cuando Alfonso Calderón, subdirector del Banco de Alimentos, insiste en que la meta “tiene que ser mucho más”, lo dice desde el conocimiento directo de la magnitud de la emergencia que se vive en estos momentos en los territorios en mención.

Nuestro llamado es a tener gestos de buena voluntad y que este se sostenga en el tiempo al irse multiplicando con la vinculación de más personas y entidades cada nuevo día. Las donaciones en dinero, consignadas en la cuenta de ahorros Bancolombia 523-000003-82, habilitada a nombre del Secretariado de Pastoral Social de Valledupar, permiten responder de manera oportuna a necesidades específicas como comprar mercados en la zona, adquirir elementos de aseo o suplir carencias puntuales. Esas diligencias resultan más eficientes cuando se cuenta con recursos en efectivo y a la mano. Se esperan nuevas consignaciones.

Es importante tener la suficiente claridad del ciclo de la emergencia, es necesario atender el momento crítico cuando el agua cubre calles y patios, pero también la etapa posterior que es igual de difícil al regresar a las casas húmedas, con colchones dañados y cocinas destruidas.

Tampoco se puede perder de vista el esquema de control y supervisión para que haya absoluta trasparencia. Se requieren comités, visitas de verificación y procesos que permitan generar confianza y tranquilidad en cuanto al buen destino de las ayudas. Se debe administrar con rigor cada peso y cada donación, esa es una obligación con quienes dan y con quienes reciben de sus semejantes.

Ayudemos a cumplir esa meta de 30 toneladas constituida por miles de mercados, ropa seca para niños, pañales para bebés, jabón para limpiar el barro que dejó la creciente. Demostrémosles a las comunidades de Córdoba y La Guajira que en estos momentos de adversidad no están solos.

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