Hemos recibido reiteradas denuncias de parte de muchos ciudadanos sobre la preocupante situación que se está presentando los fines de semana en el Parque de La Vida, de Valledupar, un espacio creado para el sano esparcimiento de las familias vallenatas y visitantes de la ciudad, pero que tiende a convertirse en una zona de riesgo, según los querellantes.
Tal parece que el problema cada día va en aumento. Lo ocurrido este domingo en ese sector de la ciudad no puede pasar desapercibido ni quedar reducido a unas simples quejas aisladas. Lo que se describe es una alarma temprana de un problema que, hay que decirlo con reiteración, de no atenderse con urgencia, puede transformar un espacio concebido para la recreación, el encuentro familiar y la vida saludable en un foco de desorden, inseguridad y deterioro social, dando así al traste con los buenos propósitos que dieron origen a la consecución de ese proyecto de ciudad.
En atención a las denuncias, hicimos un rápido recorrido y se pudo observar y comprobar que se presenta una ocupación indiscriminada por vendedores informales, lo mismo que el parqueo descontrolado de carros y motocicletas, y la presencia abierta de consumo y oferta de drogas, lo cual es muy triste y preocupante porque desnaturalizan el sentido del parque y exponen directamente la vida de niños, jóvenes y adultos que acuden allí buscando pasar un rato ameno.
Pero lo que resulta aún más inquietante es que esas prácticas, ya conocidas en otros espacios públicos como el Parque de los Algarrobillos, se esté replicando sin que exista una respuesta efectiva de las autoridades competentes. La ciudadanía espera acciones al respecto.
Es necesario recordar que los parques no son mercados públicos ni cantinas al aire libre. Son bienes colectivos que requieren control, vigilancia y una gestión clara que equilibre el uso ciudadano con el orden y la seguridad. La permisividad, la ausencia de autoridad y la normalización del descontrol terminan tergiversando la función natural de ese tipo de escenarios.
Además, no se puede permitir que unos cuantos desadaptados sociales actúen convencidos de que lo público no le pertenece a nadie y que por tanto se lo pueden tomar a su antojo y de manera irresponsable.
Sería muy irónico que en Valledupar el Parque de la Vida haga honor a un nombre contrario al que ostenta al dejar que se convierta en un sitio de peligro para la integridad física de sus visitantes.
La situación nos obliga a hacerle un llamado a la administración municipal para que haga una intervención urgente de manera conjunta con la Policía Nacional. También requerimos a las demás entidades comprometidas con el asunto, para que actúen de manera oportuna en pro de recuperar este espacio antes de que el problema crezca y sea más difícil de erradicarlo como lo venimos advirtiendo.
Recalcamos entonces esa vieja máxima que reza de manera acertada: “Escuchar al ciudadano hoy es prevenir una tragedia mañana”. Es menester prestarles atención a esas alertas tempranas. También se deben emprender campañas encaminadas a que se consolide el necesario concepto de que el cuidado de lo público es, al final, el cuidado de la vida misma de las personas.
Ojalá y eso que está ocurriendo, tanto en el ‘Parque de la Vida’ como en el de ‘Algarrobillos’, sirva además para que se defina una estrategia amplia del cuidado, vigilancia y control de todos los parques y escenarios deportivos de Valledupar, en razón a que se tiene conocimiento que en muchos otros sectores de la ciudad estos lugares son aprovechados para actividades poco apropiadas y que preocupan a la ciudadanía.





