En el grupo de WhatsApp que integran más de 200 periodistas de Valledupar y la región salió a relucir esta semana el tema relacionado con el desperdicio de mango que se observa por estos días en las calles de Valledupar.
Tal vez esa es una paradoja que vive Valledupar y que ya no sorprende. Mientras en muchas regiones del país se habla de seguridad alimentaria, agroindustria y valor agregado, en nuestras calles el mango se pudre sin que nadie haga nada. Los andenes, parques y solares se llenan de frutos maduros que terminan aplastados por el paso del tiempo y la indiferencia de muchos.
Por condiciones climáticas, la actual cosecha de mango ha sido abundante, aunque eso ocurre casi siempre, pero nuevamente sin ningún aprovechamiento productivo o industrial. Es triste que Valledupar, pese a ser una ciudad bendecida por la naturaleza, no ha sido capaz de transformar esa abundancia en desarrollo, empleo o ingresos para su gente. El mango cae del árbol y ahí muere su ciclo de utilidad.
Es cierto que no se trata de un fenómeno nuevo. Durante años, los mangos de patios y calles eran recogidos por los populares “roba mango”, personajes que, de manera ilegal, con carretillas y varas largas, abastecían mercados locales y enviaban parte de esa fruta al centro del país, donde sí existía demanda industrial. Hoy ni siquiera ellos aparecen debido a que el aumento de la producción tecnificada en departamentos como Tolima y Cundinamarca, entre otros, ha saturado el mercado nacional. Allá, el mango se cultiva con estándares, se procesa y se convierte en pulpas, jugos, concentrados y otros derivados. Aquí, simplemente se deja perder en el suelo.
La situación trae consigo un episodio que muchos ciudadanos no olvidan, tal es la promesa de campaña del entonces candidato a la Alcaldía de Valledupar, ‘Tuto’ Uhía, quien ofreció montar una despulpadora de mango como motor de desarrollo local. Fue elegido alcalde, pero la promesa nunca se materializó. Hoy, esa ausencia pesa más que nunca, cuando el delicioso olor a mango maduro reina en el ambiente vallenato.
En la actualidad solo el mango de azúcar tiene salida hacia la exportación. Las demás variedades son procesadas dentro del país, pero en la región Caribe, solo Barranquilla cuenta con una despulpadora de mango. Valledupar, pese a su potencial, sigue sin infraestructura adecuada para ese propósito y sin una estrategia de aprovechamiento, aunque solo se conoce un proyecto en desarrollo de despulpadora de frutas en el corregimiento de La Mina.
¿Qué hacer frente a esta situación? ¿Cómo aprovechar esta abundancia que hoy se convierte en basura orgánica? ¿Quién debe asumir la responsabilidad?
Se nos ocurre que la Alcaldía, la Gobernación, las universidades, el SENA, la Cámara de Comercio de Valledupar y el sector privado deben apersonarse del tema. Se necesitan proyectos de transformación, incentivos para pequeñas procesadoras, apoyo a cooperativas, innovación y voluntad política.
Es hora de comenzar a explorar las opciones posibles para el buen aprovechamiento del mango en Valledupar y que este producto no solamente sea usado para el consumo familiar que se da en diferentes presentaciones, como lo comentaban los periodistas del WhatsApp. “Estoy amarilla de tanto comer mango”, dijo una de las periodistas, mientras sus contertulios mostraban dulces, mermeladas y jugos derivados de esta deliciosa fruta.
Una opinión experta nos dice que la tal abundancia es aparente y es estacional y no es tal el volumen para los niveles requeridos para una gran planta industrial y llevar esa fruta a los mercados internacionales. Eso explicaría que ni los ‘robamangos’ aparecen en épocas de caída del dólar. De modo que la cosa no parece ser fácil y por eso en próximas días nos daremos a la tarea de hacer la investigación, en desarrollo del periodismo de soluciones que nos anima, con las despulpadoras del Atlántico, una de ellas CEA, compañía envasadora del Atlántico, y otra reciente de Postobón, a ver cómo se puede ayudar…





