EDITORIAL

El mal momento del Centro Cultural de la Música Vallenata

Se ha vuelto una constante que un episodio preocupante es reemplazado por otro nuevo y más alarmante alrededor del proyecto en construcción del Centro Cultural de la Música Vallenata, mientras la inauguración de la obra se sigue aplazando.

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Se ha vuelto una constante que un episodio preocupante es reemplazado por otro nuevo y más alarmante alrededor del proyecto en construcción del Centro Cultural de la Música Vallenata, mientras la inauguración de la obra se sigue aplazando.

Precisamente, un editorial de EL PILÓN, hace tres años, expuso la enorme tarea que le esperaba al Centro Cultural de la Música Vallenata, tal era de dotarlo de alma, de sentido de pertenencia y de legitimidad ciudadana, echando mano a todos los argumentos.

El tiempo pasó rápido, pero las acciones estratégicas muy lentas y hoy, cuando la obra debería estar culminada, el debate resurge, no por razones estéticas o conceptuales, sino por un obstáculo tan básico como es la falta de una subestación eléctrica que garantice la energía requerida para su funcionamiento.

Y como era de esperarse, ese nuevo tropiezo ha encendido las alarmas en distintos sectores de opinión. Columnistas y ciudadanos del común expresan su preocupación ante la posibilidad de que una de las obras más costosas en la historia del Cesar termine convertida en un “elefante blanco”. Surgió hasta una videocolumna de Jacobo Solano en la que salpica a muchos miembros del gremio de periodistas de Valledupar, exceptuando a EL PILÓN, por no ejercer control social.

Es preciso advertir que no se trata de una crítica ligera ni de un ejercicio de mala fe, es la consecuencia natural de la falta de información clara, oportuna y contextualizada por parte de quienes tienen la responsabilidad de gobernar y de los miembros de su equipo encargado de comunicar, orientar y mantener actualizada a la ciudadanía de cada situación presentada. No es decir las cosas, se debe saber explicar las razones de cada episodio. En eso se ha fallado.

Son muchos los que piensan que la obra sigue siendo faraónica, no solo por su costo, que supera holgadamente los 200 mil millones de pesos si se suman diseño, obra civil, interventorías, reajustes y la dotación tecnológica, sino por su fuerza simbólica. Como se dijo entonces, lo faraónico no es necesariamente un error, la historia demuestra que muchas obras cuestionadas en su momento terminaron siendo veneradas por generaciones posteriores. Pero para que eso ocurra, no basta el concreto, el vidrio o el metal; se requiere planificación integral, gestión eficiente, en especial, pedagogía pública con verdaderos expertos, asesores de gran pergamino.

Es claro que el problema del momento no es únicamente técnico. No contar con una subestación eléctrica revela deficiencia en la planificación previa, desarticulación entre las fases del proyecto y falta de una asesoría estratégica de alto nivel cultural y comunicacional en la Gobernación del Cesar. No se ha sabido explicar con claridad qué ocurrió, por qué no se previó oportunamente ese requerimiento, cuáles son las alternativas reales de solución, los costos adicionales y los tiempos estimados. Ese vacío ha sido llenado por la especulación como suele ocurrir cuando no existe una comunicación asertiva.

Preocupa esa desconexión entre la obra y la ciudadanía. Una infraestructura cultural de esta magnitud exige una estrategia de comunicación permanente, transparente y pedagógica, capaz de poner en contexto los pros y los contras, de reconocer errores si los hay y de proyectar soluciones creíbles. Sin eso, cualquier dificultad, por menor que sea, se magnifica y genera mucha desconfianza.

Es hora de actuar, el Centro Cultural de la Música Vallenata aún puede convertirse en un símbolo de identidad, memoria y proyección internacional del vallenato. Pero para lograrlo, la Gobernación debe asumir que gobernar también es explicar, orientar y escuchar. De lo contrario, el silencio oficial seguirá alimentando golpes de opinión negativos, dejando la obra a oscuras y con tinieblas mentales.

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