EDITORIAL

¿Por qué Antioquía sacó la cara frente al país?

Se ha conocido que el departamento de Antioquia aumentó las exportaciones frente al resto del país un 21,8 % en el año 2025 (la Nación, 1,3 %) y no es solo porque es lugar de minas y exportaciones de oro, y este producto ha elevado sustancialmente sus precios.

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Se ha conocido que el departamento de Antioquia aumentó las exportaciones frente al resto del país un 21,8 % en el año 2025 (la Nación, 1,3 %) y no es solo porque es lugar de minas y exportaciones de oro, y este producto ha elevado sustancialmente sus precios. La economía nacional creció en ese territorio a niveles del 3 % por encima del crecimiento nacional del 2,4 %, según datos de su Cámara de Comercio. El registro de nuevas empresas (más de 30.000 registradas), los datos del comercio crecientes, entre ellos, un indicador diciente, como los del incremento de la venta de vehículos nuevos.

Para no hablar del número de espectáculos, conciertos y el disparador del turismo internacional que ha representado en el pasado año 2025 Antioquia y su capital, Medellín.

Entonces veamos las razones que hay detrás y que sirven para explicar esa fea palabra de moda que llaman ‘resiliencia’, que en nuestra definición la llamamos aguante, en consideración a que es evidente que en este cuatrienio presidencial, por razones que no vamos a abordar ahora, los dineros no llegaron a las entidades territoriales en los niveles históricos esperados para financiar o cofinanciar obras trascendentales de progreso e impacto regional, en las que suelen aportar la Gobernación, las alcaldías y la Nación. Y en Antioquia, por razones políticas, esa política se iba a esperar menos.

Frente a ello, a las entidades territoriales, gobernaciones y alcaldías les ha tocado echar mano de sus propios recursos, aumentar sus ingresos de diversas fuentes y recurrir al endeudamiento, pues sus mandatarios entendieron que no se podían quedar con los brazos cruzados. Lo estamos viendo en nuestro ámbito, en menor proporción, dada la obtención de créditos del municipio de Valledupar de $150.000 millones y del departamento en 350.000 millones. Aunque en el caso de Antioquia fue aceptado como un desafío que les planteó el gobierno del presidente Petro, poco dado a trabajar, en un equivocado criterio, con gobiernos políticamente opuestos.

Eso podría explicar lo que pasa en ese departamento, que, a diferencia de los otros departamentos y municipios, cuenta con una dotación de ingresos, y un plan estratégico y unas prioridades de inversión pública claras. Que, además, por el talante de su espíritu autonómico, no se iban a quedar esperando que el Gobierno nacional, en especial un gobierno como el de Petro, les respondiera. No, decidieron buscar los recursos, de diversas fuentes y se dijeron: vamos con todo. De modo que no escatimaron esfuerzos en adelantar los proyectos claves y apuntalar al sector privado para que potenciara sus resultados .

Igual, efectivamente, pasó con el empresariado: se puso a trabajar, se aprestó a organizar las agendas, a redoblar los esfuerzos, a hacer más eficientes y salir a conquistar mercados, sin ponerle atención a la coyuntura y a los miedos, vaivenes y escándalos de la política.

Es un buen mensaje para el resto del país y para sus gobernadores, alcaldes, empresarios, academia y sociedad civil. Es en las propias regiones en donde se tejen las colaboraciones y las articulaciones de los sectores para compensar cualquier déficit de atención del Gobierno y sus instituciones del nivel central.

Todo en función de unir esfuerzos, como lo vienen haciendo instituciones como el Comité Universidad Empresa Estado que conforman el denominado CUEE; la red de universidades UPC, UNAL, UNAD, Área Andina y UDES; la colaboración entre la Gobernación y alcaldías, como la de Valledupar; y el reciente interés de la Gobernación del Cesar de liderar con el sector privado y las universidades el seguimiento a los preocupantes indicadores de competitividad departamental, que acusan un rezago frente a los promedios nacionales.

El ejemplo de Antioquia, y tal vez de otros departamentos, es positivo: debemos convocar, unirnos y trabajar coordinadamente, poniendo todos los actores — independientemente de las diferencias políticas— en el propósito de remar en la misma dirección y hacia el mismo puerto. ​

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