Pese a los llamados de atención de las veedurías y también de EL PILÓN sobre los diversos inconvenientes que deben superarse en cuanto a la conexión con Valledupar del tramo 3 de la Ruta del Sol, la situación aún tiene tintes de incertidumbre frente a cómo quedará en realidad esta obra vial de gran importancia para la región.
Por el momento Valledupar se encuentra entre la expectativa del proyecto que se formuló y la obra vial que al final resulte posible o viable en su jurisdicción.
Tal parece que las gestiones, los acuerdos y los cronogramas que en teoría se habían definido con el concurso de todas las partes interesadas aún no se han traducido en hechos concretos, en acciones que de una vez por toda permitan avanzar y culminar todo lo que hace falta de esa obra. Sin embargo, es de reconocer que ya la Alcaldía a través de la Secretaría de Obras dio la cara. Esperamos que la gobernación y los alcaldes en el territorio de su jurisdicción lo hagan como fue nuestro llamado en pasado editorial. Esperamos más, manifestamos que la gobernadora debería hacer su papel de gran coordinadora institucional de los municipios.
Ya ha habido suficiente tiempo para la discusión y la concertación, pero en esta ocasión ha surgido ese nuevo debate que gira alrededor del empalme de la ciudad con la ruta en mención.
Por un lado, la veeduría de la Cámara de Comercio, en cabeza de Catalina Cabrales Durán, ha puesto sobre la mesa en su Informe, la falta de coordinación entre instituciones y los obstáculos en el derecho de vía que han mantenido en incertidumbre la construcción de la glorieta de acceso a la ciudad. Al punto que, si antes del 31 de marzo de 2026, no se resuelven permisos, condicionantes ambientales y trámites ante la autoridad competente, el proyecto podría reducirse solo a la rehabilitación de la vía existente y quedaríamos con la misma carretera vieja.
El secretario de Obras, Layonel Arenas, sostiene que el panorama no es tan crítico como lo presenta la veeduría y que el municipio ha jugado un papel clave para mantener la glorieta dentro del alcance del contrato de la concesionaria Yuma. Según su versión, incluso hubo gestiones para evitar que esta solución fuera retirada del proyecto, lo que habría significado una pérdida significativa para la ciudad en ese sentido.
Además, la Alcaldía plantea que el plazo del 31 de marzo no debe interpretarse como un ultimátum para la obra, sino como un punto de control técnico y el momento para que queden definidos el diseño final, los permisos ambientales y el cronograma para el traslado de redes de servicios públicos. Es decir, el cierre de la hoja de ruta que permitiría avanzar hacia la construcción de lo diseñado.
Independiente de lo acontecido con la obra, lo cierto es que la glorieta es una solución necesaria para el ingreso a Valledupar – la primera impresión del visitante- y sería una infraestructura que ayudaría mucho a resolver el problema para el que fue concebida, tal es la de dinamizar el flujo vehicular en ese punto en medio de circunvalares viales.
A todo ello se suma el caso del corregimiento de Valencia de Jesús, donde la construcción de un puente peatonal que fue pensado para mejorar la seguridad vial, se ha visto inmersa entre reclamos de la comunidad, ajustes técnicos y cuestionamientos sobre su ubicación. Lo cual indica que la ejecución de la obra ha transcurrido en medio de discusiones, mientras los avances no son los esperados, dejando en entredicho la capacidad institucional para resolver conflictos locales.
El llamado es a no más discusión y que avancen las obras de la Ruta del Sol en lo que corresponde a Valledupar y demás tramos del Cesar, nuestra capital y todo el departamento no pueden perder la oportunidad de conectarse directamente con ese megaproyecto vial, ya es hora de superar los obstáculos que impiden su culminación exitosa. En esta edición se aborda en otra página la respuesta frente al bloqueo en Aguas Blancas. Que todo tome su buen camino.
