EDITORIAL

¿Se justificaría una revocatoria del mandato del alcalde en estos momentos?

En Valledupar debe abrirse el debate sobre la conveniencia para el municipio en torno a un eventual proceso de revocatoria del mandato del alcalde Ernesto Orozco. La Registraduría Nacional acaba de admitir una solicitud hecha en ese sentido por parte de un ciudadano.

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En Valledupar debe abrirse el debate sobre la conveniencia para el municipio en torno a un eventual proceso de revocatoria del mandato del alcalde Ernesto Orozco. La Registraduría Nacional acaba de admitir una solicitud hecha en ese sentido por parte de un ciudadano. La verdad es que no deberíamos estar hablando de ello a estas alturas, cuando, prácticamente pasado el Festival Vallenato, el alcalde tendrá 18 meses antes de que se conozca quién será su sucesor.

Además de la parte jurídica, aquí el debate debe centrarse en lo que realmente necesita Valledupar y, con base en ello, preguntarse si es este el momento adecuado para activar un mecanismo de participación ciudadana de tal magnitud y si este se sustenta en una evaluación rigurosa de su gestión.

No se puede desconocer que la revocatoria del mandato es una de las herramientas más poderosas de la democracia participativa. Su espíritu es el de permitirle a la ciudadanía corregir el rumbo cuando un gobernante incumple su programa o pierde la confianza popular. Sin embargo, su uso exige responsabilidad, argumentos bien fundamentados y un análisis serio del desempeño administrativo. No puede convertirse en un instrumento de desgaste político ni en una estrategia anticipada de campaña electoral, como los casos que, en el pasado, se han visto en otras latitudes.

Un proceso de ese tipo obliga a revisar con lupa si realmente se ha hecho una evaluación técnica y objetiva del cumplimiento del programa de gobierno del alcalde Orozco y no quedarse en eventuales percepciones, insuficientes como para llegar al extremo de pedir revocar un mandato.

Cualquier ciudadano, organización o partido político que pretenda adelantar un proceso de revocatoria debe hacerlo basado en indicadores verificables, tales como las metas alcanzadas, ejecución presupuestal, avances en proyectos estratégicos y resultados medibles en calidad de vida. Sin esos elementos, la revocatoria corre el riesgo de basarse más en el clima político o la variable de cualquier hecho extraordinario, como los de la seguridad, que revisten gran resonancia mediática.

Reiteramos: se deben tener en cuenta los meses restantes de mandato; el margen de maniobra institucional es limitado. Un proceso de revocatoria implica costos económicos significativos para el Estado, lo cual incluye la organización electoral y toda una logística operativa.

Se sabe de antemano que los recursos públicos son escasos y las necesidades sociales abundan y exigen urgentes soluciones, lo cual obliga a sopesar si se justifica esta inversión en la recta final del gobierno o si sería más eficiente permitir que el ciclo institucional culmine y que la ciudadanía evalúe en las urnas, donde también puede premiar o castigar.

Se debe reconocer y destacar el buen espíritu cívico del ciudadano, quien con actitud valiente se atreve a proponer y adelantar la tarea para una revocatoria que, de antemano, se sabe que no es fácil, pero que no deja de ser una alternativa frente a la búsqueda de soluciones a muchos males del municipio de Valledupar. Eso es valioso y valedero, pero, igual, también está el impacto en la gobernabilidad, en el sentido de que la sola apertura del proceso genera cierta incertidumbre que podría frenar la ejecución de políticas públicas, afectar la confianza de inversionistas y distraer la agenda administrativa local.

Insistimos en que la convocatoria, aunque pueda llegar a ser jurídicamente válida, debe ser, más que un distractor del alcalde, un llamado a redoblar esfuerzos y controles, junto a su equipo; no descansar, no desfallecer en lograr los objetivos planteados cuando sabemos que hay importantes proyectos en curso y nuevos que se podrán conocer, como suele suceder en los remates de las administraciones.

Indicadores objetivos de datos, y de percepción, estos últimos obtenidos en encuesta profesional de los ciudadanos, son los que adelanta el programa Valledupar Cómo Vamos. Precisamente el próximo lunes el programa, del que hacemos parte, presentará públicamente a las 9 a. m., en el Hotel Sicarare, Salón Yui, el Informe de Calidad de Vida 2025.

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