Según las cifras entregadas por el director de la Unidad Técnica Territorial No. 1 de la Agencia de Desarrollo Rural, Carlos César Silva, en entrevista con EL PILÓN, es alentador el panorama para las comunidades rurales del departamento del Cesar de cara a este año 2026 que apenas inicia.
El funcionario dijo que se están ejecutando 10 proyectos, con un monto total de 55.000 millones de pesos en las zonas rurales de Valledupar, Pueblo Bello, La Paz, Codazzi, Becerril, La Jagua de Ibirico, Chimichagua y Pelaya, logrando impactar en 1.603 personas, que incluye 613 mujeres, 242 jóvenes rurales, 862 víctimas y 130 indígenas (arhuacos, kankuamos y yukpas). Además de invertir más de 6.000 millones de pesos en extensión agropecuaria.
Así las cosas, se espera que en este 2026 esas cifras logren un importante porcentaje de transformación y fortalecimiento del campo en las regiones donde se ejecutan los proyectos en mención, se desarrollaría así la misión que debe cumplir la ADR.
Silva asegura que con esas intervenciones institucionales el campesinado de esos municipios del Cesar podrá contar con “las herramientas necesarias para desarrollar una producción agropecuaria con condiciones técnicas óptimas. Asimismo, se fortalecerá su capacidad asociativa, permitiéndoles implementar ideas de negocio con proyección local, nacional e internacional. A través de los activos productivos entregados y la asistencia técnica proporcionada, promovemos un campesinado organizado, capaz de generar microempresas agropecuarias y contribuir al desarrollo rural”.
Todo eso nos permitiría pensar que el desarrollo rural del departamento del Cesar atraviesa un momento decisivo, el cual no puede desaprovecharse y es ahí donde resulta de gran importancia que las acciones de la ADR comiencen a consolidarse como un motor real de cambio para las comunidades campesinas, indígenas y víctimas del conflicto en nuestra región. Se necesita que los proyectos lleguen a las zonas rurales de los 25 municipios cesarenses.
Se espera también que la entrega de mercados campesinos, las ruedas de negocios y agroferias se desarrollen en todo el territorio del Cesar, que esa programación continúe de manera sistemática, pero con evaluación permanente de resultados y que se permita visibilizar el trabajo del campesinado, además de abrir canales de comercialización directa y de fortalecer las economías locales. Siempre será necesario impulsar las asociaciones campesinas, entendiendo que la organización colectiva es clave para competir, crecer y sostenerse en el tiempo. Sería el mejor estímulo para hacer que mucha gente vuelva al campo.
En síntesis, las expectativas para el 2026 son buenas, pero lo más importantes es que estas se traduzcan en logros tangibles y medibles, capaces de aportar de manera activa al desarrollo rural del Cesar. Esperemos entonces que en este año lleguen las oportunidades reales que el campo ha venido reclamando durante muchas décadas. Claro está, si el nuevo Gobierno nacional, que entraría en agosto, le da continuidad a lo que ya viene en marcha.
Por ahora nos anima saber que más de 80.000 millones de pesos se han invertido en 27 proyectos productivos de mediana y gran escala en Cesar, Magdalena y La Guajira, logrando impactar a más de 3.300 familias. No obstante, aún falta mucho más.
La ADR en el Cesar, La Guajira y el Magdalena, bajo la dirección de César Silva, tiene en sus manos la oportunidad de demostrar que la inversión bien dirigida, acompañada de asistencia técnica y organización social, puede sembrar las bases de un futuro más justo, productivo y sostenible para los territorios de estos tres departamentos.
Benditos serán esos tiempos en los que la vida cotidiana de nuestras comunidades rurales no tenga nada que envidiarles a las comodidades propias de la ciudad.





