Comenzó la recta final de los preparativos para la versión número 59 del Festival de la Leyenda Vallenata, una etapa en la que, además de afinar los acordeones, se pone a punto toda una maquinaria que, año tras año, ha venido impulsando la economía local.
Nos alienta saber que a dos semanas de la inauguración oficial del Festival ya está encendido el entusiasmo en la ciudad, eso se nota en las calles, en el comercio, en las agendas culturales, en la Cámara de Comercio de Valledupar, en los gobiernos municipal y departamental y en muchos otros sectores de la región.
Y qué bueno que esa preparación haya comenzado meses atrás desde la Alcaldía de Valledupar, entidad que ha impulsado una estrategia enfocada en su impacto económico con la llamada internacionalización del festival, promocionada en otros escenarios por fuera de la ciudad, con lo cual se busca posicionar a esta capital como “destino de eventos”, atrayendo inversión hotelera, mejorando la conectividad aérea y generando empleo, aunque la mayoría sea informal, pero que ayuda mucho al bolsillo de muchos hogares de Valledupar.
De todas maneras, no se puede perder de vista que el crecimiento del festival ha sido más rápido que el de la infraestructura de servicios de la ciudad. La alta demanda de transporte, donde cerca del 73% de los visitantes llegan por vía terrestre, y la falta de una mayor oferta hotelera, hablan de algunas de las limitaciones que siguen siendo una tarea pendiente si se quiere consolidar el carácter internacional de este certamen folclórico.
Lo que sí es una realidad del momento presente es el gran dinamismo del tema económico, el movimiento comercial ya empieza a sentirse semanas antes del inicio del Festival. Sectores como el comercio, el transporte, las artesanías y los servicios se activan con expectativas que deben superar las cifras de los más de 70.000 millones de pesos en ventas registradas en años anteriores.
Desde ya se tiene la certeza de una ocupación anticipada del 100 % del sector hotelero, pero este renglón no puede olvidar que debe ajustar tarifas, mejorar servicios y reforzar personal, porque esa ha sido una queja común todos los años y tal vez por eso ha venido en auge la hotelería informal mediante el alquiler de viviendas, apartamentos y habitaciones, creándose redes de hospedaje improvisadas. Eso amerita medidas de regulación.
De igual manera, la recomendación también es para los vendedores informales y emprendimientos locales, en el sentido de que afinen su oferta con anticipación, si se tiene en cuenta que durante la semana del festival pueden incrementar sus ventas hasta en un 30%. Aquí se mezcla tradición y oportunidad con la venta de platos típicos hasta propuestas más modernas que buscan captar a un visitante cada vez más diverso.
Destacable también que, de manera paralela, algunas entidades, como la Cámara de Comercio de Valledupar, han venido acompañando al sector empresarial en procesos de formalización, capacitación y preparación para la alta demanda, para así vender más durante el festival y aprovechar esta vitrina para fortalecer negocios a largo plazo y ampliando las conexiones que se requieren para consolidarse en el mercado.
Tampoco se puede olvidar que el éxito económico del festival también dependerá en gran medida de la seguridad. La articulación entre autoridades locales y fuerza pública, junto con medidas como restricciones de movilidad y control de horarios comerciales, deben tenerse en cuenta para preservar los resultados positivos de versiones anteriores y generar confianza en turistas, inversionistas y en la misma ciudadanía.
Esperemos entonces que el festival 2026 deje bases más sólidas para el desarrollo económico de la región y que Valledupar cada vez sea una ciudad más fuerte, más organizada y mejor preparada para el desarrollo de este tipo de festividades.
