EDITORIAL

¿Y después de la Operación Sodoma?…

Ayer fue un día histórico para Colombia. La muerte de Jorge Briceño, alias el Mono Jojoy, uno de los máximos cabecillas de las autodenominadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), considerado del ala militarista, marca un punto de referencia importante en el conflicto armado que vive el país desde hace varias décadas. Y fue histórico […]

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Ayer fue un día histórico para Colombia. La muerte de Jorge Briceño, alias el Mono Jojoy, uno de los máximos cabecillas de las autodenominadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), considerado del ala militarista, marca un punto de referencia importante en el conflicto armado que vive el país desde hace varias décadas.
Y fue histórico para bien y por múltiples razones, la llamada “Operación Sodoma”. La primera, la muerte de Briceño Suárez es un duro golpe a esa organización ilegal armada y ratifica que sigue dando sus frutos la política de seguridad democrática y el accionar de las Fuerzas Armadas frente a la subversión, principalmente ante las FARC por cuanto se considera que el ELN está prácticamente acabado.
En efecto, al interior de las FARC representa una reorganización y cada vez está más limitada en su cúpula, con la muerte (natural) de Manuel Marulanda Vélez, alias Tirofijo, la muerte de Raúl Reyes, la muerte de Iván Ríos, la captura de Simón Trinidad y ahora la muerte de alias El Mono Jojoy. Sigue como máximo líder, alias Alfonso Cano, a quien expertos en el tema consideran más como un ideólogo político; pero que, en la práctica, ha seguido mostrándose tan militarista como cualquiera de sus compañeros del secretariado.
Victor Julio Suárez Rojas, más conocido como “El Mono Jojoy” era de origen campesino y ascendió en la organización gracias a que se ganó la confianza de Tirofijo y demostró habilidad y valentía en el tema militar. Fue un hombre cruel y sanguinario, autor de secuestros y pescas milagrosas y una vinculación con el narcotráfico, en la zona sur oriental del país, al punto que hacía parte de la cúpula.

La muerte de Jojoy puede significar la deserción de un gran número de guerrilleros de ese frente, que siguen siendo perseguidos por las tropas del Ejército Nacional. Así ha sucedido en las otras oportunidades, cuando el asesinato de Raúl Reyes y de Iván Ríos, por ejemplo.
A pesar de que significa un avance en la lucha contra esta organización subversiva; la muerte de “Jojoy” no se puede considerar el principio del fin de esa organización, como afirman algunos funcionarios del gobierno y oficiales de las Fuerzas Armadas, con un tono de triunfalismo injustificado. Si bien esa guerrilla se puede considerar reducida y acorralada, todavía tiene cierta capacidad de perturbación, desde el punto de vista militar, principalmente en las zonas más apartadas, pobres y subdesarrolladas del país.
Es posible que sin Jojoy se abra la posibilidad de nuevos diálogos de paz con el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos, pero en este tema el gobierno ya ha afinado su mensaje y este es muy simple: bajo hechos de guerra, secuestro y extorsión, no habrá ningún tipo de diálogos y por eso no se ha nombrado un Comisionado para la Paz, en remplazo de Luis Carlos Restrepo, que acompañó infructuosamente al Presidente Uribe, en esta materia.
El hecho ocurrió en un buen momento político e internacional para el Presidente de la República, Juan Manuel Santos, quien hoy intervendrá ante la ONU, para presentar una visión del país, su programa de gobierno y su visión del tema internacional. Santos lo calificó como un golpe contundente a las Farc y explicó todo lo que Jojoy significaba para esa organización y el conflicto que vive el país.
En el frente interno, con este golpe Santos se sacude de las acciones esporádicas que esta agrupación había realizado, en distintos puntos del país, para darle la bienvenida a su gobierno. La instrucción del Ministro de Defensa, Rodrigo Rivera, es arreciar, arreciar y arreciar. Y esa, de mano fuerte, será la línea que seguirá Santos. No obstante, el propio gobierno insiste en llamar a la subversión a deponer las armas y entrar a la vida civil. Pero ese no es el escenario más probable.
Por el contrario, aunque diezmadas, las FARC persistirán en la absurda violencia, con la cual lo único que han conseguido es darle validez a los radicales de la extrema derecha que no le dan un chance a una salida negociada. Seguirán en su autismo y de espaldas al país y con miedo a claudicar años de guerra que no le sirvieron para nada a nadie y que lo único que ha dejado es muerte, dolor y tristeza en miles de hogares colombianos.

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