Está demostrado que el problema de Emdupar no es solamente el pésimo balance financiero y administrativo; a eso también hay que sumarle la falta de control del uso inadecuado e ilegal del agua, tanto de la procesada por esa entidad como aquella que se extrae de la misma fuente, de allí, del río Guatapurí. Por supuesto, estos se reflejan en las frágiles finanzas y administración.
Es un problema que hay que enfrentar cuanto antes para determinar con precisión quién capta el agua del río Guatapurí, cuánto se capta, cuánto se pierde, cuánto se consume, cuánto se comercializa y quién está autorizado para hacerlo.
Estamos ante un “contrabando” diario de agua potable y agua sin tratamiento que ni siquiera los cinco gerentes interventores que ha tenido Emdupar han podido resolverlo.





