Termina una de las etapas más oscuras de la historia de Colombia: el gobierno de Gustavo Petro. Retrocesos, corrupción, violencia, atraso y carencias son conceptos asociados con este cuatrienio que se apaga. Un gobierno ilegítimo, porque desde su elección careció de legitimidad, nos sometió al control del territorio por parte de los violentos, de narcoterroristas, de delincuentes. Afirmo y aseguro la ilegitimidad del gobierno, por la presión de grupos armados subversivos en su elección; los “pactos de la Picota”, en los que se negociaron apoyos políticos por la libertad total y absoluta para delinquir, desdibujaron el verdadero número de colombianos que comulgaban con esta ideología maldita que nos afectó tanto. Lo mismo sucedió en las recientes elecciones: se calcula que cerca de tres millones y medio de votos de Iván Cepeda fueron producto de las presiones que se mantienen, pero que, en esta oportunidad, fueron insuficientes ante la enorme votación que favoreció a la dupla De la Espriella-Restrepo.
La lección está aprendida: la izquierda no es el camino. Latinoamérica despertó y deja atrás el mal recuerdo de políticas retardatarias que nos hundieron en la pobreza y el subdesarrollo. Quedan vivas estas ideas en regímenes autoritarios y fascistas —como Cuba y Nicaragua— y en Estados como Brasil y Uruguay; de resto, giro de 180 grados a la derecha. No podemos volver a caer en dinámicas que permiten llegar al poder a quienes se dicen demócratas y atacan la democracia; a quienes dicen respetar las decisiones de las mayorías y terminan defendiendo lo que interesa a las minorías; a quienes dicen estar en contra de la corrupción y la multiplican exponencialmente; a quienes han acuñado el término de progresismo para políticas retardatarias; a quienes manipulan la verdad y están en la capacidad de “correr la línea ética”, con tal de lograr sus objetivos; a quienes solo les sirve el poder, cuando pueden servirse de él.
Ya no más. No más apoyos para quienes afectaron los accesos del pueblo —al que dicen amar y del que dicen proceder— a servicios esenciales como la salud, la educación y la vivienda digna; a quienes se robaron la plata del agua potable en La Guajira; a quienes son felices despotricando del empresario, del que tributa y nutre las arcas públicas, para gastarse esos recursos comprando productos Ferragamo. Ya no más.





