Muchas personas se preguntan por qué no logran destacarse en algo, alcanzar sus metas o salir de los problemas que tienen, y en la mayoría de las ocasiones, se debe a no cuestionar lo que hacen, cuando nadie los está mirando.
Somos el resultado de lo que hacemos cuando no debemos fingir, aparentar o imitar. Somos la rutina que construimos a solas cuando la crítica se ausenta y el deseo de agradar se disipa. La salud, el trabajo, el hogar y las buenas relaciones, todo se construye gracias a las rutinas, algunas buenas y otras no tanto, pero siempre son la semilla de todos los frutos que después nos terminarán alimentando.
Algunas personas tienen rutinas de éxito incorporadas en sus vidas, las cuales siguen sin vacilar, aunque no es el caso de todos. Si necesitas una nueva rutina, es necesario cuestionar primero lo que haces cuando nadie te está observando. Pero, ¿por qué llevamos rutinas que nos alejan de nuestro propósito? ¿Por qué es tan difícil crear nuevas rutinas? Porque creamos rutinas desde lo que creemos que somos, o más bien, con base en aquello que hemos aprendido a imitar, sin cuestionar.





