Cada quien tiene su manera de mirar las cosas según su propia cosmovisión sobre lo que nos rodea. Esa mirada, por lo general, está influenciada por una concepción ideológica, aunque a veces ocurre por el simple interés de quien tiene algo que defender, o por distorsión cognitiva, o porque se es amorfo en sus apreciaciones. Estas dos últimas concepciones nada le aportan a la sociedad porque son como rémoras o atajos en el camino que fortalecen a sus propios verdugos. Mi mirada personal es que Petro está construyendo un nuevo paradigma para gobernar un país tercermundista en el cual las brechas sociales son abismales, a pesar de tener en contra a todo el establecimiento, los heredados mandos medios del Estado y muchos desleales de su propia cauda.
Creo que Petro dividió la historia política de Colombia en dos; hay un antes y habrá un después. Este nuevo paradigma ya comenzó a andar y será difícil detenerlo, aunque implique demasiados peligros para quienes lo defiendan. No es fácil imponer un nuevo paradigma; durante milenios creemos en ellos y se actúa bajo sus categorías filosóficas.
En la Antigua Grecia, Epicuro y Demócrito enunciaron que el átomo era indivisible y, sobre este enunciado, la comunidad científica estuvo desarrollando procesos químicos y físicos sin reparos; era un postulado. Sin embargo, dos mil años después, Bohr y Rutherford dijeron que esto era una falacia. Desintegrado el átomo en sus componentes, el mundo científico comenzó a crecer. Igual pasó con la geometría de Euclides que pregonaba: “la suma de los ángulos de un triángulo suma 180°”. También, milenios después, Nikolái Lobachevsky dijo: “No, señor Euclides, su geometría solo aplica en lo micro”. Si cortamos perpendicularmente dos meridianos con un paralelo del globo terráqueo, encontramos triángulos equiláteros cuyos ángulos suman 270°.
El mismo Einstein, acostumbrado a trabajar con modelos determinísticos de la física newtoniana, a principios dudaba de la mecánica cuántica (MC) porque esta se apoya en la teoría de probabilidades, pese a que él también relativizó la mecánica clásica de Newton. De hecho, uno de los tres principios básicos de la MC es el de incertidumbre de Heisenberg.
En las ciencias sociales también se pueden romper paradigmas; los conceptos, prácticas y algoritmos utilizados durante 200 años en Colombia han sido revisados críticamente mediante hechos tangibles. Petro lo está logrando reinterpretando la realidad socioeconómica y política del país, humanizando la fuerza pública y estableciendo una simbología mocusiana; p.ej., “el petróleo es más peligroso que la cocaína”. Hoy el lenguaje es distinto, los procedimientos han variado, los objetivos son otros, los beneficiarios, antes exclusivos, ahora son mayoritarios, la inclusión social en el Gobierno es inédita; nunca habíamos visto a un negro y a un indígena en TV como protagonistas y en actos de Gobierno, pues antes los consideraban “chusma”, como doña Florinda al Chavo.
Eso lo hacían las reinas de belleza u otras chicas. El empoderamiento ciudadano está naciendo y la mirada sobre el futuro se cualifica. Nunca antes en este país se había dado tanta confrontación de ideas y principios; el antes llamado “oscuro e inepto vulgo” ya conoce sus problemas e identifica sus soluciones, la anestesia colectiva ya pasa, el cerebro despierta y el pueblo se siente invitado. Antes solo la mafia miraba hacia los puertos, eran suyos; Petro los quiere convertir en una vitrina ante el mundo.
Cuatro años así me han parecido muy cortos, la nostalgia ya empieza a sentirse. Hace algunos días yo comentaba eso en casa y mi nieta de 14 años me dijo: “Abuelo, eso se llama ‘Petrotusa’”, y así es, se siente, así mi familia nada haya recibido de Petro. Por fortuna, Cepeda continuará construyendo este paradigma con igual mirada y estoicismo. Sabemos que sus adversarios no son angelitos, pero cada día serán menos; los hechos los convencerán. Este nuevo estilo ha de quedarse: no más falsos positivos, no más sangre, no más saqueo del erario.
Por: Luis Napoleón de Armas P.
