COLUMNA

El espectáculo de la firmeza

Las sociedades suelen enamorarse de las formas porque las formas son visibles. Pero cuando no están sostenidas por un fondo real, dejan de ser expresión y se convierten en manipulación.

canal de WhatsApp

Las sociedades suelen enamorarse de las formas porque las formas son visibles. Un gesto, un símbolo, un amuleto, una puesta en escena: todo eso produce una impresión inmediata. Y las impresiones, en tiempos de ansiedad, suelen confundirse con profundidad. Pero las formas, cuando no están sostenidas por un fondo real, dejan de ser expresión y se convierten en manipulación.

Hay hombres que entienden esto perfectamente. Saben que gran parte del electorado ya no escucha ideas ni examina trayectorias: consume símbolos. Por eso aparecen cubiertos de objetos que pretenden transmitir fuerza, tradición, espiritualidad, autoridad o pertenencia. No porque los comprendan realmente, sino porque saben que funcionan como herramientas psicológicas. Como haría cualquier manipulador: utilizar aquello que genera identificación emocional para producir obediencia simbólica.

Y entonces empiezan los discursos “firmes”, las consignas patrióticas repetidas casi como fórmulas comerciales, los gestos exageradamente calculados para parecer cercanos al pueblo, fuertes ante el miedo o guardianes de la nación. Pero el patriotismo auténtico no necesita teatralidad. La firmeza verdadera tampoco necesita escenificarse permanentemente. Cuando alguien insiste demasiado en parecer fuerte, normalmente es porque necesita compensar algo que no logra transmitir con su pensamiento, su trayectoria o su carácter.

Sigue leyendo

Crea tu cuenta para leer el artículo completo

Desbloquea el resto de la historia e inicia sesión para seguir leyendo sin interrupciones.

TE PUEDE INTERESAR