COLUMNA

Hago preguntas y la vida me responde

La vida responde lentamente a nuestras preguntas más profundas, mientras el tiempo y la experiencia nos transforman en seres nuevos que aprenden a descubrir su verdadero propósito.

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Hace algún tiempo leí un libro titulado Los pájaros nunca miran atrás mientras vuelan, La libertad que proviene del desapego, de uno de los más populares poetas coreanos del sur, Shiva Ryu, cuya obra habla de la sencillez de lo cotidiano y de las preguntas existenciales que todos nos hemos hecho alguna vez.

Las historias de este libro, mis queridos lectores, contiene las respuestas que el autor recibió a sus preguntas y que nos detalla en él con una maravillosa carga llenas de profundidad y verdadera belleza y, de alguna manera, al leerlas, uno siente como si conversara con el autor sobre la vida. Y es que todos desde niños nos hemos hechos miles de preguntas, interrogándonos sobre la verdad y la iluminación, sobre la felicidad y el sentido de la vida y también, lo cuál considero lo principal, sobre quiénes somos.

Hoy sabemos, estando de acuerdo con dicho autor, que la vida nos va dando las respuestas poco a poco, a cuentagotas, precisamente con el fin de protegernos a medida que avanzamos en ella. La experiencia que ésta nos da es en gran parte la que se encarga de susurrarnos al oído las respuestas a las preguntas que hicimos algún día, procurando con ellas apreciarlas como el conocimiento más valioso a medida que crecemos y maduramos. Creemos que hacemos un viaje cuando, en realidad, es el viaje el que nos “hace” a nosotros, el que nos da forma, tal como lo dice el autor del libro aludido.

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