En una de las tantas mañanas durante casi 20 años, era costumbre abrir su negocio comercial para que los moradores de los barrios Las Flores, Panamá y Santa Rita —donde sector por sector fue dejando huellas de humildad, sencillez y servicio— lo visitaran. Era de aquellos cachacos como muchos otros en Valledupar, que llegaron a la ciudad a sembrar no solo su proyecto de vida para su familia, sino también a generar empleo y contribuir con la economía en Valledupar; era igual a todos esos hombres y mujeres que trabajan sin descanso en sus tiendas de barrio, para que el pobre y el rico tengan a la mano los productos necesarios de la canasta familiar.
Jhon Alex representa la pujanza del santandereano, la resiliencia y la fortuna de haber aprendido a trabajar desde muy niño; de aquellos que convierten las dificultades en fortalezas y tienen la capacidad de sostener un negocio por difícil que fuese la situación. Era el símbolo de la persona honesta y servidora.
Todas las anteriores alabanzas se apagaron cuando la muerte tocó la puerta de su negocio. Sí, lo asesinaron miserablemente por robarlo; solo eran las 7:26 de la mañana, la hora perfecta para que estos bandidos le arrebataran la vida a un hijo, a un tío, a un hermano y a un padre ejemplar.
¿Y ahora adónde puede acudir la familia que quedó destrozada por la muerte de Jhon Alex, cuando las autoridades están ocupadas haciendo el levantamiento de más y más cadáveres día a día en Valledupar?
Cada lágrima de sus hijos, padres, hermanos y sobrinos quedó seca en un ataúd, envuelta en mucho dolor.
¿Qué está pasando en Valledupar? ¿Por qué no hay resultados de capturas? A sabiendas de que el miedo es el silbido de las calles y los asesinos esperan su próxima víctima, ¿por qué las recompensas solo existen para unos y para otros no? ¿Por qué no se activa un plan de choque por la seguridad de la ciudad? Son preguntas necias para el alcalde, ya que no existe respuesta alguna que satisfaga y calme la angustia de muchas familias.
¿Cuántos hogares más tendrán que soportar la angustia de ver salir a su familia y regresar envuelta en sábanas blancas? ¿Cuántos inocentes más tendrán que caer en manos de la delincuencia?
¡Hoy fue Jhon Alex, mañana será la suerte la que decida! ¡Descansa en paz, amigo!
Por: Emiliano Piedrahita Porras / Docente universitario.
