Es la premisa mayor que pone el título de esta columna de reflexión y alerta en un mundo en donde cada potencia y bloque de naciones en la OTAN o el G7 intenta utilizarse para sus propios intereses; y prueba de ello, a manera de ejemplo, son los Estados Unidos, Francia y Alemania, tres países que se lucran con el mayor beneficio por la venta de armas.
En ese contexto, más elocuente no puede ser la reflexión de Jimmy Carter a Trump: “Temes que China se nos adelante, y estoy de acuerdo contigo. ¿Pero sabes por qué China se nos adelanta? Yo normalicé las relaciones diplomáticas con Beijing en 1979. Desde esa fecha, ¿sabes cuántas veces China ha entrado en guerra con alguien? -Ni una sola vez-. Mientras que nosotros estamos constantemente en guerra”.
Estados Unidos es la nación más guerrera en la historia de la humanidad; gasta un trillón de dólares anualmente en armas, en su afán de imponer y controlar empresas que no respondan a sus intereses económicos, tal como sucede con Irán, una potencia petrolera, atacada con el pretexto de ser una amenaza por no detener su programa nuclear y el enriquecimiento de uranio, a sabiendas de que el petróleo es la joya de la corona, por ser un activo de peso en la economía global, pero sin beneficio medioambiental como recurso fósil.





