COLUMNA

Un mundo sin guerras es posible

China ha invertido sus recursos en proyectos como ferrocarriles, infraestructura, trenes bala intercontinentales y transoceánicos, tecnología 6G, inteligencia robótica, universidades, hospitales, puertos y edificios, en lugar de utilizarlos en gastos militares para una confrontación que impacta la economía global y nos arriesga a un escenario de hambre, ruina y miseria social en la antesala de una eventual Tercera Guerra Mundial

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Es la premisa mayor que pone el título de esta columna de reflexión y alerta en un mundo en donde cada potencia y bloque de naciones en la OTAN o el G7 intenta utilizarse para sus propios intereses; y prueba de ello, a manera de ejemplo, son los Estados Unidos, Francia y Alemania, tres países que se lucran con el mayor beneficio por la venta de armas.

En ese contexto, más elocuente no puede ser la reflexión de Jimmy Carter a Trump: “Temes que China se nos adelante, y estoy de acuerdo contigo. ¿Pero sabes por qué China se nos adelanta? Yo normalicé las relaciones diplomáticas con Beijing en 1979. Desde esa fecha, ¿sabes cuántas veces China ha entrado en guerra con alguien? -Ni una sola vez-. Mientras que nosotros estamos constantemente en guerra”.

Estados Unidos es la nación más guerrera en la historia de la humanidad; gasta un trillón de dólares anualmente en armas, en su afán de imponer y controlar empresas que no respondan a sus intereses económicos, tal como sucede con Irán, una potencia petrolera, atacada con el pretexto de ser una amenaza por no detener su programa nuclear y el enriquecimiento de uranio, a sabiendas de que el petróleo es la joya de la corona, por ser un activo de peso en la economía global, pero sin beneficio medioambiental como recurso fósil.

Al contrario, China ha invertido sus recursos en proyectos como ferrocarriles, infraestructura, trenes bala intercontinentales y transoceánicos, tecnología 6G, inteligencia robótica, universidades, hospitales, puertos y edificios, en lugar de utilizarlos en gastos militares para una confrontación que impacta la economía global y nos arriesga a un escenario de hambre, ruina y miseria social en la antesala de una eventual Tercera Guerra Mundial.

Son apuntes de Jimmy Carter que evocan su mandato hace 47 años, en una histórica carta que hoy reaviva premonitoriamente en el umbral de una guerra nuclear, lo que demuestra un rotundo fracaso de la humanidad ante la imposibilidad de no hacer nada para atajar lo irracional. “Entre un gobierno que lo hace mal; y un pueblo que lo consiente, hay una complicidad vergonzosa“: Víctor Hugo.

El mundo no ha salido de la prehistoria, recurre permanentemente a la guerra, elucubración de Pepe Mujica que conecta con el discernimiento del papa Francisco: “Toda guerra es derrota. Todo se gana con paz”, así el mundo calle ante tanta atrocidad; ni siquiera se inmuta porque un misil haga blanco en una escuela en Irán y mate centenares de niñas, comportamiento demencial que se replica en Ucrania y en cualquier lugar.

El pueblo israelí es corresponsable de esta hecatombe; nunca se le vio presionando al gobierno para evitar el genocidio en Gaza o la guerra contra Irán, actitud que no sorprende. Lo profetizó Martin Luther King: “Ya no me horrorizan los actos malos de la gente mala, pero sí me horroriza tanta indiferencia de la **gente buena”. Y remata Joseph de Maistre: “El pueblo puede no tener el gobierno que se merece, sino el que está dispuesto a soportar“.

Fácilmente entendible, porque el sionismo nace de lo más profundo del nazismo, un movimiento político judío que centra sus orígenes en la formación del Estado de Israel tras su proclamación en 1948, ideología que busca la autodeterminación del pueblo judío en su propio Estado.

Hasta dónde llega la demencia, tras la amenaza de Trump de borrar una civilización entera si Irán no acata el ultimátum de reabrir el estrecho de Ormuz. Mucho antes la árabe, Tawakkol Karman, quien ganó el Premio Nobel de la Paz en 2011, se ruborizó porque el mundo calla frente al genocidio y limpieza étnica del pueblo palestino.

Para el imaginario colectivo, cuando los Estados Unidos asesinan lancheros, lo llaman seguridad; cuando invaden países lo llaman libertad; cuando oprimen pueblos, lo llaman democracia, pero cuando sus víctimas se defienden lo llaman terrorismo, el caso palmario de Irán.

Por: Miguel Aroca Yepes

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