La verdad es que con 86 años que me cayeron hace tres días y más de mil columnas, me da mucha flojera escribir y son bastantes las veces que he pensado tirar la toalla y no pensar más en EL PILÓN, ni block, kilométricos y transcripciones. Me duele especialmente por la Mencho, la eficiente y culta mujer que todos los jueves me guarda tinto y agua helada y saca en limpio, con impecable ortografía y correcciones, cosa rara en esta época, el artículo que semanalmente remito a EL PILÓN y al Diario del Norte.
Sí, había pensado “no hacer más cantos”, como diría Escalona, pero pasando por la avenida Pastrana se me ocurrió estacionar el carro y constatar el estado real en que se encuentra lo que antes fue el elegante y cómodo edificio donde por mucho tiempo funcionó el “Imperio de Joaco”, como director o gerente del Fondo Educativo Regional (FER). Cómo era de agradable visitar estas dependencias, tomarse un tinto y departir largos ratos con el doctor Joaquín Ovalle Barbosa, el buen amigo y copartidario que atendía siempre alegre y con las puertas abiertas a todo el mundo, como lo hacía yo en el Tránsito y Coldeportes, y que ahora es imposible, pues los gerentes son inaccesibles, nadie puede hablar con ellos ni verlos, y de verdad se creen deidades.
Bueno, celular en mano, entré a tomar unas fotos y un video, pero a medida que avanzaba mi asombro crecía; no podía creer lo que estaba viendo, era asombroso y repugnante: solo existen las paredes de ladrillo y los techos de concreto, se llevaron puertas y portones, estantes, inodoros y lavamanos y todo está lleno de toneladas de basura, botellas de licores por miles, materias fecales por todas partes, mortecinas y malezas invasoras.





