Anteriormente, el sistema eléctrico nacional no estaba interconectado; las ciudades y regiones producían su propia energía y, en donde fue posible, se instalaron enormes generadoras hidroeléctricas, y en sitios como en la región Caribe las ciudades más importantes producían la suya mediante termoeléctricas. Recuerdo a Barranquilla, Cartagena, Montería, Sincelejo, Magangué y, en forma crítica, a Valledupar.
Nos vendieron la idea cierta de que la energía producida con base en el agua era y es más barata que la de origen térmico, pero de lo que no nos hablaron fue de los costos que implicaba hacer llegar esa energía a los sitios de consumo, y no solo los costos, sino las pérdidas técnicas y otras cosillas más por cuenta del incauto consumidor, aterrizando en una amarga realidad, pues ese regalo estaba envenenado.
El apego al concepto de lo «nacional» bajo la cubierta engañosa de ventajas técnicas restó fuerza y posibilidades a la en su momento existente generación eléctrica local y zonal —que nunca debió finalizar— y creó una dependencia total de la red nacional, sin que por ello se haya logrado espantar el fantasma que, más que la falta de lluvias, es el resultado de graves fallas de planeación y ejecución con tintes de corrupción e irresponsabilidad, que hoy disimulan bajo el tal «fenómeno de El Niño», un cuento para asustar bobos cuando lo real son los inadvertidos costos de transporte del fluido eléctrico y las enormes pérdidas que se producen por las formidables distancias entre el punto de generación y de consumo, sumado a un descarado y público robo que se termina cobrando a todos los usuarios, incrementando en forma notable el precio del kilovatio-hora, además de una serie de ítems que a los ojos del ciudadano del común resulta un glosario intencionalmente encriptado, pero que inciden en la factura y se desglosan conceptualmente así por cada kWh facturado: generación (G) o el costo de compra de la energía a los generadores; transmisión (T), el costo de transporte por las grandes redes nacionales; distribución (D), redes de alta, media y baja tensión que llevan la energía hasta el consumidor; comercialización (C), es decir, la lectura, facturación, atención al usuario y otras; y pérdidas (P), o sean las técnicas y las «otras».






