En Valledupar, un hombre de 75 años con un acordeón en las manos es patrimonio. Un hombre de 75 años detrás de un puesto en la plaza es, simplemente, alguien que no pudo parar. Los dos siguen trabajando; solo uno lo hace porque quiere. En Colombia, el 84 % de los mayores de 65 años que trabajan lo hace en la informalidad y, según los analistas, la mayoría sigue en la calle por necesidad y no por vocación.
Valledupar lleva años entre las ciudades más informales del país, con más del 60 % de sus ocupados sin protección social. Si nada cambia, quien hoy atiende una tienda de barrio, maneja una moto o vende en la plaza sin cotizar será el mayor de 65 que seguirá allí dentro de treinta años.
El reloj corre, aunque no lo oigamos. Entre 2020 y 2025 los adultos mayores pasaron del 9,0 % al 9,7 % de la población, según proyecciones del DANE, y Valledupar Cómo Vamos calcula que los menores de 15 años alcanzarán su máximo en 2028, con unos 177 mil, para empezar a decrecer después. Mientras haya tanta gente en edad de trabajar, formalizar es barato. Cuando esa generación llegue a los 60 sin ahorro, será carísimo.
El piso que ofrece el Estado es modesto: el Pilar Solidario entrega 230.000 pesos al mes. Y con las cuentas nacionales bajo la lupa del FMI, que acaba de calificarlas de insostenibles, sería imprudente esperar más generosidad desde Bogotá. La vejez de los vallenatos se financia, en buena parte, con decisiones que se toman aquí.
El municipio no administra pensiones, pero controla las puertas por las que un trabajador entra a la formalidad: el registro mercantil, el impuesto de industria y comercio, las plazas, la educación. Hay tres decisiones concretas que dependen de nosotros.






