Así como existen personas que no desean vivir, pero aún viven, toda vez que le tienen miedo a no morir en el intento y quedar peor con una lesión permanente, existen personas que no desean trabajar, pero siguen trabajando, ya que las deudas, las facturas y el costo de vida, nunca cesan. Es difícil vivir o trabajar por obligación, se vive y trabaja bonito, cuando una persona sana, por gusto propio y motivación, siente que está alineada con su propósito de vida.
Si un empleado enferma, va donde el médico para que lo examine y le realice un diagnóstico, pero si la empresa enferma, gracias a los socios invisibles que cobran impuestos, a los empleados que llegan bajos de nota o a las ventas que cada día empeoran, ¿quién la sana?, ¿cómo hacer para alcanzar la productividad anhelada y ser competentes en el mercado?
Si una persona goza de buena salud, nunca tendrá la necesidad de ir al médico, y lo mismo ocurre con la empresa; cuando todo marcha sobre ruedas en el ámbito organizacional, no se piensa en la necesidad de vincular a su propio médico de cabecera, pero, así como existen personas que no necesitan enfermarse para hacerse un chequeo o hacer uso de la medicina preventiva, existen cada día más empresas que hacen uso de su médico de manera permanente para que la empresa goce de buena salud.





