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¿Sanas o desechas?

Si una persona goza de buena salud, nunca tendrá la necesidad de ir al médico, y lo mismo ocurre con la empresa.

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Así como existen personas que no desean vivir, pero aún viven, toda vez que le tienen miedo a no morir en el intento y quedar peor con una lesión permanente, existen personas que no desean trabajar, pero siguen trabajando, ya que las deudas, las facturas y el costo de vida, nunca cesan. Es difícil vivir o trabajar por obligación, se vive y trabaja bonito, cuando una persona sana, por gusto propio y motivación, siente que está alineada con su propósito de vida.

Si un empleado enferma, va donde el médico para que lo examine y le realice un diagnóstico, pero si la empresa enferma, gracias a los socios invisibles que cobran impuestos, a los empleados que llegan bajos de nota o a las ventas que cada día empeoran, ¿quién la sana?, ¿cómo hacer para alcanzar la productividad anhelada y ser competentes en el mercado?

Si una persona goza de buena salud, nunca tendrá la necesidad de ir al médico, y lo mismo ocurre con la empresa; cuando todo marcha sobre ruedas en el ámbito organizacional, no se piensa en la necesidad de vincular a su propio médico de cabecera, pero, así como existen personas que no necesitan enfermarse para hacerse un chequeo o hacer uso de la medicina preventiva, existen cada día más empresas que hacen uso de su médico de manera permanente para que la empresa goce de buena salud.

La salud es bienestar, es vitalidad, es energía; salud es contar con un cuerpo que funciona en perfectas condiciones, y en una empresa, salud es contar con un talento humano que funciona en perfectas condiciones. Un órgano enfermo afecta el funcionamiento de todo el cuerpo y hace reflejo en otros órganos, así como un empleado desmotivado, con sobrecarga laboral o que no conoce bien sus funciones, afecta el funcionamiento de toda la empresa y hace reflejo en otras áreas. Creo que todos los lectores de EL PILÓN, han escuchado alguna vez sobre la historia de la nariz cansada de cargar con los lentes para que los ojos puedan ver, por ello, toma la decisión de sacudirse para que se caigan, pero la situación se sale de control cuando la persona tropieza, cae, y la envidiosa queda aplastada. Esta historia refleja de cómo un sistema debe aprender a trabajar en equipo para su correcto funcionamiento, y el psicólogo organizacional es el médico de las empresas, que no solo ayuda a generar bienestar y un buen clima laboral, sino que además se encarga de impartir una cultura que promueva los valores de la empresa, a través de programas que en lugar de sanar, busquen prevenir y controlar.

Trabajar no tiene por qué sentirse abrumador, pero si el ambiente laboral se siente pesado, y existen muchas devoluciones, errores, quejas y reprocesos, es porque necesitan una dosis de diagnóstico, bienestar y capacitación, realizada por un psicólogo organizacional. Un órgano no funciona correctamente con gritos o a la fuerza, y lo mismo ocurre con el personal. Muchas empresas prefieren invertir en nuevos procesos de selección, contratación e inducción, que erradicar de raíz el cáncer que los está afectando, sobre todo si el cáncer es la forma en que el gerente lidera los procesos.

Hoy día resulta más fácil divorciarse que reconocer los errores que se han cometido; es mejor cambiar de personal que invertir en bienestar; el problema es que ignoramos estar construyendo parejas desechables empleados desechables, y vidas desechables, que en lugar de querer vivir y ser feliz, desean morir para poder por fin descansar.

María Angélica Vega Aroca
Psicóloga

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