COLUMNA

¿Ya vivimos la izquierda… o apenas viene?

Para mí es claro que el gobierno de Gustavo Petro no ha sido un gobierno de izquierda en sentido pleno, sino un gobierno de transición

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¿Cuántos años lleva la derecha gobernando a Colombia? ¿Hemos sido capaces de administrar de manera justa la enorme riqueza que tiene este país? ¿Debemos resignarnos a seguir siendo una de las naciones más desiguales del mundo, a pesar de vivir en uno de los territorios más privilegiados de América Latina?

Son preguntas que muchos colombianos se hacen hoy.

Sin embargo, el verdadero quid del asunto no está solo en el pasado, sino en entender el presente: ¿hemos sido realmente gobernados por la izquierda en estos últimos cuatro años?

A mi juicio, la respuesta es no.

Para mí es claro que el gobierno de Gustavo Petro no ha sido un gobierno de izquierda en sentido pleno, sino un gobierno de transición. Un periodo intermedio entre un largo ciclo de predominio de la derecha y la posibilidad, real por primera vez, de que sectores históricamente marginados lleguen al poder con mayor solidez.

Y en los gobiernos de transición suelen ocurrir muchas cosas. Aciertos, errores, improvisaciones y aprendizajes. Algunos sostienen que la izquierda colombiana aún no sabe gobernar. Puede ser. Pero también es cierto que, en la práctica, nunca ha tenido la oportunidad de hacerlo con plenitud.

De ahí que muchos vean en el próximo periodo presidencial la posibilidad de un verdadero punto de quiebre.

Ahora bien, hay críticas que no pueden desconocerse. Durante este gobierno han persistido problemas estructurales como la corrupción, que para algunos incluso ha sido comparable o peor que en administraciones anteriores. Pero el problema de fondo no parece ser ideológico. La corrupción no es exclusiva de la derecha ni de la izquierda; es un fenómeno profundamente arraigado en la cultura política del país.

Y lo mismo ocurre con otros males: funcionarios que se enriquecen con recursos públicos, prácticas clientelistas en corporaciones y órganos de control que no siempre cumplen su función con independencia. Nada de eso desaparece por el simple hecho de cambiar de discurso político.

Entonces, la pregunta es otra: ¿qué cambió realmente?

A mi juicio, este gobierno logró algo que no es menor: visibilizar a sectores históricamente ignorados y hacerles sentir que el Estado puede, aunque sea parcialmente, responder a sus necesidades. Ese “empujón” ha tenido un efecto político claro: un electorado más consciente de su poder.

Y ahí está el punto clave.

Porque si algo ha cambiado en Colombia en estos años no es solo el gobierno… es la gente.

Hoy amplios sectores de la población entienden que su voto puede redefinir el rumbo del país. Y no sería extraño que en las próximas elecciones ese despertar se traduzca en una decisión mayoritaria.

Tal vez no hemos vivido aún un gobierno pleno de izquierda… pero es evidente que el terreno ya está preparado.

COLOFÓN: Mientras distintos sectores políticos comienzan a reagruparse, es claro que muchos de los grupos tradicionales buscan mantener sus espacios de poder. El temor a perder privilegios es real. Pero también lo es la expectativa de cambio en amplios sectores de la población. Lo que ocurra en las próximas elecciones definirá si Colombia continúa en transición… o si entra definitivamente en una nueva etapa.

Por: Jorge Naín Ruiz Ditta

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