Desde que los ayatolas asumieron el poder, hace más de 40 años, implementaron un régimen que unificó lo político con lo militar y lo religioso, y establecieron que su razón existencial era exterminar a Israel. Netanyahu, aunque no lo dice, quiere hacer lo propio con los palestinos. No le faltan motivos a Netanyahu para atacar a un enemigo que, además de no negociar, financia y asiste abiertamente a todos los grupos extremistas que atacan a Israel, y que además hace ingentes esfuerzos por terminar la fabricación de bombas nucleares, mientras continúa desarrollando su poderosa industria de drones y misiles capaces de alcanzar territorio enemigo con facilidad. Irán es como una pistola apuntando directamente a la sien de Israel.
Israel cuenta con bombas nucleares desde hace más de 50 años, pero los líderes que promovieron su creación se diferenciaron de Netanyahu en su respeto por las leyes de la guerra, su visión de la coexistencia entre judíos y palestinos y otros principios éticos. Sostenían que esta era un arma disuasoria contra sus numerosos enemigos y así se ha demostrado: jamás se ha usado.
Fue la inminencia de la fabricación de las armas nucleares por parte de Irán la que motivó a Netanyahu a atacar, con la ayuda de Trump, sus instalaciones nucleares en junio del año anterior, dejando la impresión de que alcanzaron sus objetivos a un costo militar muy bajo y en tiempo récord. Trump, que viene de bombardear lanchas en el Mar Caribe y de extraer a Nicolás Maduro en una operación impecable, se animó a apoyar a Netanyahu en un segundo ataque de mayor alcance.





