COLUMNA

Resaca mundialista

Gracias a esta selección que de nuevo nos emocionó y nos puso a soñar. Colombia viene bien, hay con qué. Dentro de poco empezarán las eliminatorias para el Mundial de 2030 y volveremos a ilusionarnos con llegar, por primera vez, a una semifinal

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El sueño del Mundial nos llegó hasta que pisamos la cancha de Vancouver. Suiza se jugó el partido de la historia. Solo hemos oído a la prensa y a la afición decir que Colombia jugó mal, que no luchó, que esto, que lo otro. Todos somos técnicos. La verdad, mi verdad, es otra: Suiza logró desconectar los circuitos de Colombia desde el vamos. Nuestra selección no pudo encontrarse, se vio incómoda los 120 minutos. Los viajes, el desgaste físico y emocional que impone un mundial, aportaron varios bultos de arena a esa ecuación. Se juntó que Suiza estudió a Colombia a profundidad y así pudo detectar la manera de desarticularla; y, todo esto sumado al cansancio acumulado, detonó en unos tiros penales para los que nuestro fútbol nunca ha estado preparado. Por la historia, Colombia llega a esa instancia con un 35 % de probabilidades de triunfar, versus un 65 % del equipo rival. Y eso pasó: nos ganó Suiza y nos ganó bien.

No podemos dejar de lado que durante los 90 minutos tuvimos opciones de anotar; pocas, pero las hubo. Luis Suárez tuvo una opción clara para anotar y el balón se le abrió al ponerle efecto con la cara externa de su guayo; y sobre el final, en la adición, doloroso, era la última jugada del partido, se nos fue el gol de la clasificación cuando Campaz —el mismo que nos hizo gritar de alegría cuando con sus 1,66 metros de estatura le anotó a Uzbekistán en el primer juego de esta copa—, solo frente al arquero suizo, le puso demasiada fuerza a un balón que todavía están buscando los organizadores en el mar de Vancouver. No anotamos, no definimos, el fútbol se gana con goles, no por méritos, por goles. Por eso a veces gana el que no lo merece (¿les suena algo relacionado con una selección cuya bandera tiene un sol amarillo entre tonos celestes y blancos?); creo, aunque duela, que Suiza ganó con justicia, cobró mejor los penaltis. Listo, así es el fútbol. Colombia ya está de regreso a casa y yo todavía estaré unos días más aquí en los Estados Unidos. Dentro de poco empezarán las eliminatorias para el Mundial del 2030 y volveremos a ilusionarnos con llegar a una semifinal por primera vez en nuestra cortísima historia mundialista.

Gracias a esta selección que de nuevo nos emocionó y nos puso a soñar, jugó sabroso, nos obligó a comprar la camiseta, a viajar para verla, acompañarla, para abrazarla; dejaron el cuero, el alma, lo dieron todo. Solo nos faltó que Campaz la metiera en el último suspiro del partido. Nada más. Colombia viene bien, hay con qué. Me lo dijo un tío muy querido: “Tienes tiempo para ver a Colombia ganando la copa en el futuro cercano”; mi deseo, de corazón, es que podamos verla ambos, juntos, al mismo tiempo. Así será, tío. ¡Decretado!

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