Valledupar ha cambiado muchísimo durante las últimas dos décadas. Hoy es una ciudad con mayor crecimiento urbano, edificaciones más altas, centros comerciales, servicios hospitalarios, hoteles, conjuntos residenciales y una dinámica económica que exige instituciones igualmente modernas. Esa transformación debe venir acompañada de capacidades suficientes para proteger a quienes viven en ella.
A propósito, el reciente editorial de EL PILÓN plantea una discusión que no puede quedarse en el mero intercambio de responsabilidades. Es legítimo exigir explicaciones por el carro escalera de bomberos que tiene cuatro años parado, sobre todo porque esos $3.600 millones ya transitan un camino despejado hacia el despilfarro y el detrimento del patrimonio público. No obstante, es insuficiente limitar el debate señalando culpables. Hecha la denuncia, lo siguiente es preguntarnos cómo evitar que una situación semejante vuelva a repetirse.
Cuando un carro escalera permanece fuera de servicio durante meses, se encienden alarmas que evidencian fallas profundas en la gestión pública. No hablamos simplemente de un vehículo inactivo, sino de la capacidad de un gobernante para anticipar riesgos y proteger la vida de los ciudadanos.
