El próximo 31/05/2026 será un día emblemático para Colombia, decidiremos un mejor futuro o regresamos a la era de angustia y dolor. Son doce candidatos y dos opciones: una anacrónica, estática retrógrada y negacionista que representa al uribismo en dos versiones con diferentes carátulas, pero con el mismo contenido, y otra dialéctica que encarna el cambio y la justicia social en cabeza de Iván Cepeda quien iza las banderas de Petro.
Que las toldas uribistas se hayan fracturado significa que Uribe ha perdido liderazgo, que ya no es confiable para su propio rebaño, ni es un paradigma canonizable en vida como el Sagrado Corazón Grande que tiene Paloma en su casa, el colmo de la idolatría que copó sus estructuras.
Esta dupla derechista tiene la misma propuesta de 2002: la seguridad, el uso de la fuerza, el desplazamiento forzado y el robo de tierras y el destripamiento del adversario que tanta sangre hizo correr, esa que amplió la brecha social, que hizo de la salud un negocio, que cohabitó y gobernó con sectores mafiosos que cooptaron todas las estructuras del Estado hasta el sol de hoy, esos que impiden el avance del país, pero se autodenominan patriotas y redentores, así pidan que los EE. UU. nos invada.
Ya se quedaron sin argumentos para gobernar, o quizás nunca los tuvieron, pese a que están más preparados y manejan la IA y los medios digitales para desinformar y conspirar con la ayuda de su fascista bancada internacional. Ya el senador “Berny” Moreno, un renegado excolombiano, ha dicho que, si Cepeda gana, EE. UU. podría no reconocer ese triunfo. Vaya mensaje, nos siguen tratando como colonias.
Esta corriente agnóstica, genuflexa y vendepatria quiere ganar las elecciones a como dé lugar, disponen de todas las instituciones para ello, aún conservan muchos amigos en las filas castrenses haciendo campañas, hecho denunciado por Petro, Zapateiros remanentes, y disponen de todos los recursos económicos para torcer personas y procesos. La Operación Júpiter aquí comentada y el Honduras Gate son parte de la artillería con la cual quieren recuperar el Ejecutivo con base en mentiras, vital para quienes siempre han vivido del Estado; quieren un régimen que no interfiera en las aduanas con muchos “Pitufos”, que paralice la recuperación de tierras para los campesinos, que margine las etnias y negritudes (“Las caras lindas de mi gente negra”: Tite Curet), que acabe con los medios públicos de información, que los estudiantes vuelvan a pagar matrículas en las universidades públicas, que se prolonguen los peajes para siempre, que las pensiones sean un fondo de inversión privado, que no continúe el proyecto de los ferrocarriles porque les dañaría el negocio a los transportistas terrestres, uno que les devuelva los baldíos usurpados a los amigos “afectados”, como el primo de Paloma, a quienes llaman “terceros”; en fin, un gobierno que siga construyendo autopistas 4G en vez de vías terciarias y acueductos.
No hay que subestimarlos, aún tienen muchos aliados en varios niveles de la población, gremios y Estado, algunos propios, otros son marionetas, esos que sufren el síndrome de Doña Florinda: ¡Chusma, chusma! Conozco personas cuyos bisabuelos fueron esclavos, pero hoy siguen apoyando a sus viejos amos, gentes con tradición en el sector educativo, víctimas que defienden a su nuevo amo, ya por un puesto, ya por un contrato. Esto es vergonzoso.
Cada vez que un amorfo irredento que no estudia nuestra historia defiende estas tesis, está construyendo una nueva cadena de esclavitud; infortunadamente, a nadie se le puede quitar el derecho de ser esclavo. Este domingo es para seguir adelante o retornar al infierno, es de vida o muerte; no queremos más masacres ni jóvenes mutilados. El cambio debe continuar en primera, no pierden del todo, les queda el premio de consolación, el Senado, así sea para torpedear los proyectos del nuevo gobierno. Si es Abelardo, no será el primer senador sindicado.
Por: Luis Napoleón de Armas P.
