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Llavecita, aún estamos a tiempo

Hace poco, en un viaje familiar a Barranquilla, Benjamín vio una señal de tránsito que prohibía el uso de vehículos de tracción animal, calificándolo explícitamente como maltrato.

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Hace varios meses (muchos ya), mi hijo Benjamín tuvo la oportunidad de encontrarse con el alcalde Ernesto Orozco.  Con la inocencia que solo un niño posee, se acercó y le hizo una petición sencilla pero profunda: “Alcalde, por favor, cuida a los caballitos de las carretas”. El mandatario, con una sonrisa, le respondió: “Claro, mi llavecita, lo voy a hacer”. Ese compromiso, nacido de una charla espontánea, encierra una verdad que a veces los adultos olvidamos en la frialdad de las cifras, el respeto por la vida no admite esperas.

Hace poco, en un viaje familiar a Barranquilla, Benjamín vio una señal de tránsito que prohibía el uso de vehículos de tracción animal, calificándolo explícitamente como maltrato. Con una mezcla de sorpresa y admiración, señaló el letrero con su dedo y me dijo: “Mira papi, acá en Barranquilla sí cuidan a los caballitos”. Su frase me dejó en silencio, confrontándome con la realidad de nuestra propia ciudad. Confieso que guardé la anécdota inicial con optimismo al conocer las jornadas de reconversión en Valledupar, pensando que avanzábamos hacia esa misma dignidad, pero al regresar, la escena de caballos exhaustos bajo el sol inclemente nos recordó que la tarea sigue pendiente.

La sustitución no puede medirse solo en anuncios, el éxito real es cero caballos en las calles y oportunidades dignas para los carromuleros. Sin embargo, la deuda de Valledupar con la vida animal es mucho más amplia y hoy es dolorosamente visible en cada esquina. Hoy encontramos por todos lados gatos y perros en condiciones lamentables; en el mercado público, los pabellones de carnes y del pescado, la galería popular, la ceiba de la Nevada y en diversos sectores de restaurantes. Allí, estos animales, empujados por el hambre, abren bolsas de basura buscando alimento, lo que genera un desorden total y un problema adicional de salud pública.

La administración debe asumir un liderazgo integral que incluya a esta población callejera, cuya atención hoy recae de forma heroica pero dispersa en grupos animalistas limitados por la falta de recursos. Es necesario que la Alcaldía desarrolle una campaña general y permanente de esterilización masiva como política pública. Para ello, es fundamental consolidar el Centro de Bienestar Animal. Tras una inversión de 5.500 millones de pesos, la ciudad necesita que esta infraestructura funcione de forma estable y suficiente, dejando atrás las operatividades parciales. El bienestar animal es un mandato ético y social, y esta es una invitación respetuosa a retomar el rumbo con decisión. Alcalde, aún estamos a tiempo de cumplirle al “llavecita” y de lograr que nuestros niños sientan orgullo de cómo cuidamos la vida en Valledupar.

Por: Ricardo Reyes

Columnista

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