Independiente al credo que se profese, leer la encíclica del papa León XIV resulta necesario para intentar comprender, al menos un poco, la realidad de la humanidad ante el avance tecnológico y a lo que se enfrenta el ser humano por su innata curiosidad y ansia de aprender, aunque con ello cause su propia destrucción.
Si bien es cierto que hay buenos maestros que imparten explicaciones satisfactorias, produciendo inquietudes, transmitiendo intranquilidades e invitando a pensar, también es cierto que existen otros que permiten que el aprendiz sucumba ante la ola que llega de forma inesperada y que lo arrastra inclemente sin tener una mano que le permita estar en pie en la inmensa playa desde donde puedes aprender viendo el horizonte que puede traernos de todo, todos los días, o a veces nada.
En anteriores ocasiones, mis apreciados lectores, he escrito sobre Pandora, un mito que me encanta, teniendo en cuenta la vulnerabilidad del hombre ante su infantil curiosidad sobre las cosas. Pues bien, creo que el contenido de la caja que la contiene puede hacerse menos temible y que podemos lograr una vida material más humana si comprendemos mejor la producción de las cosas, pero no se puede considerar a la tecnología como un enemigo, pues solo se conseguiría con ello dejar más indefensa a la humanidad.





