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Más que un salvador, Colombia necesita una ruta

El balance del período 2022-2026 deja una fotografía paradójica: hubo avances importantes en empleo, reducción de pobreza y algunos indicadores sociales, pero al mismo tiempo subsisten el déficit fiscal, desaceleración de la inversión privada y persisten problemas estructurales de seguridad y productividad.

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A pocas horas de las elecciones presidenciales, el país se encuentra en uno de los momentos de mayor polarización de su historia reciente. No se trata solo de elegir presidente, sino de superar la complejidad e incertidumbre para concertar y decidir sobre los elementos que conduzcan al desarrollo o mantener la volatilidad y ambigüedad que nos mantienen condenados al estancamiento.

El balance del período 2022-2026 deja una fotografía paradójica: hubo avances importantes en empleo, reducción de pobreza y algunos indicadores sociales, pero al mismo tiempo subsisten el déficit fiscal, desaceleración de la inversión privada y persisten problemas estructurales de seguridad y productividad. El país no está en crisis, sino polarizado y sin los mecanismos que le permitan dar el salto hacia el desarrollo.

La senda del desarrollo desemboca en múltiples recetas las cuales necesitan de una lista larga de ingredientes que no se cocinan en un periodo presidencial.  Colombia necesita un gran pacto por la productividad que reduzca trámites, simplifique regulaciones, fortalezca la infraestructura logística y promueva sectores capaces de competir en mercados internacionales. Más que discutir quién distribuye la riqueza, el desafío es crearla.

El gasto social es indispensable en una sociedad con profundas desigualdades, pero su sostenibilidad depende de unas finanzas públicas sanas. El país requiere disciplina presupuestal, control del gasto, lucha efectiva contra la evasión, examinar el costo beneficio de las exenciones tributarias y focalizar la inversión pública. La confianza de inversionistas, empresarios y ciudadanos comienza por una rendición pública transparente.

En materia de seguridad, Colombia necesita superar la falsa dicotomía entre negociación y autoridad. La experiencia demuestra que la paz no se construye únicamente desde una mesa de diálogos ni exclusivamente mediante la acción militar. La verdadera solución pasa por combinar una Fuerza Pública fortalecida, administración efectiva de la justicia, inversión social en los territorios y oportunidades económicas para las comunidades históricamente abandonadas y convertidas en republiquetas. Donde el Estado no llega, inevitablemente llegan todos los actores del multicrimen y las economías ilegales.

La polarización y el populismo han encontrado un terreno fértil para consolidarse como estrategias dominantes de las campañas políticas en Colombia, sobre todo, en contextos de exacerbación que exponen la dicotomía ideológica. La gente participa dividida en ese fenómeno radicalmente opuesto y distanciado, incluso sin entender su significado. El poder de su voto lo terminan decidiendo en esa dinámica. Quizá eso implica la inexploración del rigor del debate en lo relacionado con la diversificación productiva. Pese a que el país cuenta con ventajas comparativas para desarrollar la agroindustria, el turismo sostenible y las energías renovables, todavía depende excesivamente de materias primas extractivas. 

Hay una estrategia relegada en el debate público que define el destino de una nación entre el estancamiento y el desarrollo sostenible: la consolidación de consensos nacionales. Ese debería ser el verdadero desafío del próximo presidente. 

Asimismo, suprimir las discusiones estériles entre izquierda y derecha y concentrarse en una pregunta mucho más relevante: ¿qué debemos hacer para que Colombia crezca, genere oportunidades y enfoque sus objetivos en el largo plazo? La respuesta no está en soluciones milagrosas ni en promesas grandilocuentes, sino en la combinación de instituciones fuertes, estabilidad económica, seguridad efectiva, educación de calidad y acuerdos duraderos. Los países que lograron transformaciones profundas no necesariamente eligieron a los mejores gobernantes; lograron acuerdos mínimos que sobrevivieron a los cambios políticos.

@LuchoDiaz12

Por Luis Díaz

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