COLUMNA

Preludios del Festival

Una evocación poética del vallenato como esencia del Festival, donde la música, la nostalgia y la tradición se entrelazan como preludio de la gran fiesta cultural.

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¿Quién no asocia el inicio de la canción “Ausencia Sentimental” a la celebración del Festival Vallenato? Compuesta en 1986 por Rafael Manjarrez y popularizada por Silvio Brito, ganadora del certamen ese año como canción inédita, refleja el testimonio de la lucha interna entre la obligación y el deseo, entre el lugar donde uno se encuentra y el lugar al que pertenece su corazón.

Poesía pura, sin duda. Lo que el corazón grita y la palabra exhala y cuando las lágrimas se vierten como esperanza para mitigar la pena de la nostalgia que se lleva incrustada dentro. Ese es el vallenato que llega al alma, queridos lectores, el mismo que se escucha al compás del susurro del viento que mece los árboles bajo el inclemente calor del Valle, ya sea en la plaza o en algún patio, intentando sosegarlo con el sabor ameno de un trago cualquiera de licor en una parranda celebrada entre amigos.

Tal vez, desde ese año, casi todos los amantes del vallenato escuchan y ponen a sonar, tomando como preludio dicha canción, intercalándola, por supuesto, con otros considerados hits del momento. Pero, no nos llamemos a engaños, el vallenato clásico pisa aún fuerte cuando se habla del festival y se trata. Se reencauchan los viejos acordeoneros y cantantes de parrandas, se celebran y rinden homenajes a cantautores y músicos de antaño, los mismos que en pugna con el olvido que ocasionan los años intentan tararear e interpretar con orgullo sus propias canciones, las que reflejan las vivencias vividas y hasta algunas no vividas, valga la redundancia, como aquellos amores que no fueron en el tiempo y que se inmortalizaron por siempre en el recuerdo.

El verdadero vallenato no es otra cosa sino poesía, como lo dije una vez, y no importa el ritmo que se utilice para expresar en versos lo que se quiere decir. Versos que le hablan a todos de todo, en donde se resguarda en un acordeón el alma, el corazón y parte de una alegría; pidiendo aquel que canta que sea llevado al cementerio con ese pedazo de instrumento. ¡Oh poesía! ¡Oh Vallenato! En donde la vida, el amor, la nostalgia y la muerte con líricas profundas y tan bella melodía folclórica son la expresión del hombre que vive y muere entre sentimientos.

Cuántos aún no se sumergen en la melancolía escuchando las canciones de Gustavo Gutiérrez, de Fredy Molina, de Hernando Marín, de Iván Ovalle o de Rafael Orozco, cuando el viento trae los acordes de sus composiciones poéticas y emotivas. ¿Cómo no detener algún enamorado el alma en el limbo cuando escucha que “Cualquier momento es preciso para amar”? ¿Cómo no deleitarse y embriagarse de sentimientos escuchando a Rafa Pérez cuando canta vallenato? En este gran homenaje que le hace a los compositores más icónicos y maestros del folclor vallenato, buscando resaltar el legado de autores como Omar Geles, Jorge Valbuena, Aurelio Núñez, Rosendo Romero, entre otros.

El vallenato, como se dice, más allá de la parranda, se destaca por su capacidad de convertir el sentimiento sincero en lírica, consolidándose como un género poético fundamental de la cultura en nuestro país y hasta en nuestra propia humanidad. Podrán venir nuevas canciones, nuevos versos, nueva poesía, pero muy adentro de nuestro ser resonará el eco de aquellas letras que en un ayer forjaron un camino para muchos con sentimiento y que volver a escucharlas nos agitan el pecho e incitan e invitan al corazón a unirse a la melodía del aire vallenato.

No puedo expresar sino admiración al poeta que plasma en este género musical lo que se desprende desde lo más profundo del ser, la palabra que surge cuando el corazón exhala el suspiro sublime del verso que pretende abrazar al amante del vallenato puro; que anhela entre susurros penetrar hasta volver al rincón más hondo de cualquier pecho, anidándose feliz, eternamente y escondido, como dice el poema, en donde vivirá ocupándolo satisfecho. Porque de tantos mundos como Dios ha hecho, solo ese espacio a Él le pide.

¡Que viva el Vallenato! ¡Que viva la poesía! Disfruten queridos lectores de las palabras porque también ellas se escuchan y se entonan en el alma.

Por: Jairo Mejía

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